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Opinión

Los nombramientos del presidente

Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental, nombrado por el presidente Trump, no cree que la actividad humana sea causante del cambio climático.
Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental, nombrado por el presidente Trump, no cree que la actividad humana sea causante del cambio climático. Getty Images

Empiezo a dudar si las instituciones firmemente establecidas que garantizaban el gobierno democrático de Estados Unidos no se habrán debilitado tanto que su desaparición sea pronta. El país se ha estado descomponiendo por el creciente poder de las elites multimillonarias, y de no haber un cambio raigal y rápido que deshaga lo podrido, nos gobernará una plutocracia de facto. Donald Trump es la corona del reino de la codicia, la pérdida de valores, el apogeo del egoísmo y de la podredumbre ética de una nación.

Los efectos que ha tenido el actual gobierno en la fibra de Estados Unidos son deplorablemente incalculables. La amenaza constante a la libertad de prensa debe alarmar a los ciudadanos. La causa primaria de este obsesivo atentado a la libertad es la necesidad inherente del presidente de gobernar como un autócrata. Lo hemos visto en sus advertencias intimidantes a Jeff Sessions, el fiscal general, que ha cedido con sumo placer. En otras palabras, el poder judicial ya está prácticamente bajo el control del ejecutivo.

Hasta ahora, el Senado ha confirmado a los 16 jueces nombrados por Trump, aun siendo algunos incompetentes.

En lugar de ejercer su mandato constitucional de poder legislativo independiente, el Congreso, de mayoría republicana, parece estar también bajo el control del ejecutivo. Existen muchas pruebas del servilismo legislativo republicano, pero con esta basta: el nombramiento del abogado Brett Talley para juez federal del Tribunal de Distrito de Alabama. Talley ha ejercido la abogacía solo por tres años y jamás ha juzgado un solo caso. Cuando fue nominado, el Colegio de Abogados de Estados Unidos lo evaluó como “no cualificado”, es el cuarto juez nominado por Trump en recibir esta calificación.

Pero hablemos de otros nombramientos a altos cargos del gobierno: Kathleen Hartnett White fue nombrada para presidir el Consejo de Calidad Ambiental de la Casa Blanca. White niega que exista el cambio climático, y ha dicho que el dióxido de carbono es inofensivo y sus emisiones no deberían ser reguladas; ha descrito la energía solar y la eólica como “poco confiables” y ha calificado el cambio climático como “un dogma que poco tiene que ver con la ciencia”. White presidió por seis años la Comisión de Calidad Ambiental de Texas cuando Rick Perry era gobernador de ese estado. Actualmente Perry, quien niega enfáticamente que las emisiones de dióxido de carbono creadas por el hombre sean la principal causa del cambio climático, fue nombrado por Trump como Secretario de Energía, departamento que Perry dijo una vez que no debería existir.

Por su parte, el administrador de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), Scott Pruitt, afirma que no es creíble el consenso científico de que la actividad humana sea la responsable del cambio climático ni que el bióxido de carbono sea su principal causante.

Hay otros jefes que dan pánico en los cargos que se les ha otorgado. A Ben Carson, un neurocirujano retirado, el presidente lo nombró director del Departamento de la Vivienda y el Desarrollo Urbano.

El director interino del Departamento de Protección Financiera al Consumidor, Mick Mulvaney, comentó varias veces en el pasado que la creación de ese departamento (durante la administración de Obama, por Elizabeth Warren) era una broma, que no servía para nada. Ahora lo dirige, por deseos expresos de Trump.

No es necesario extenderse en Michael Flynn y Paul Manafort y los cargos que ocuparon hasta que se supo los vínculos de cada uno con Rusia, como consejero de Seguridad Nacional y director de la campaña presidencial, respectivamente.

Y ayer supimos que Kellyanne Conway, una encuestadora, fue nombrada, sin experiencia alguna en el campo de las drogas, como responsable de enfrentar la crisis de los opioides.

Hce unos meses, Trump nominó al representante Tom Marino para el puesto, pero Marino se retiró después que la prensa informó sobre los lazos de Marino con la industria farmacéutica y su historial como patrocinador de legislación para debilitar la lucha contra las drogas.

Ahora estamos a la espera de la confirmación de Alex Azar para la posición de Secretario de Salud y Servicios Humanos. Trump lo llamó una “estrella que va a mejorar la atención médica y bajar los precios de los medicamentos”. Azar fue presidente del gigante farmacéutico Eli Lilly hasta enero. Y ha sido criticado por aumentar los costos de los medicamentos. Durante su década en Eli Lilly, la compañía triplicó el precio de su insulina y fue multada por colusión para mantener altos sus precios en México.

Los nombramientos del presidente son mucho más que elecciones de personas que no están capacitadas, todo apunta a que los elige para destruir los departamentos y/o para que beneficien solo a la elite. No olvidemos que la egolatría y la codicia de Trump fueron las dos razones para postularse como presidente. Todo lo demás era falso.

doramador12@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2017, 1:43 p. m. with the headline "Los nombramientos del presidente."

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