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Opinión

Políticos hipersexuados

El representante John Conyers, demócrata por Michigan, ha sido acusado de acoso sexual.
El representante John Conyers, demócrata por Michigan, ha sido acusado de acoso sexual. AP

Los noticieros televisivos y los medios impresos abundan hasta la náusea en los escándalos sexuales de los políticos. A toda hora se detallan las acusaciones contra hombres de la política y también contra otros poderosos del mundo de las finanzas, el cine o la televisión. Quizás Henry Kissinger haya acertado al decir, “el poder es el supremo afrodisíaco”.

Esa plaga afecta más a los varones que a las mujeres de mando. La psicología femenina en torno al eros suele ser más discreta: la mujer sonsaca, pero no ataca. No recordamos escándalos sexuales en la vida pública de Indira Gandhi, Margaret Thatcher, Golda Meir y tantas otras mujeres de gobierno. Es cierto que muchas de ellas llegaron a la cumbre cuando ya se encontraban en la etapa que García Márquez llama, en una novela, “la edad tranquila”. Las damas maduras encuentran casta protección en aliados tan formidables como la menopausia y la abuelidad. El mundo funcionaría mejor con más mujeres gobernantes. Ellas sucumben menos a las tentaciones de lujuria y de robo. Ahora bien, deben ser mujeres no sólo morales y competentes, sino de ego y sistema nervioso acorazados para soportar las maledicencias inmisericordes de la oposición sin caer en reacciones emocionales. De que las hay, las hay.

También el ciudadano de a pie incurre en deslices sexuales, pero no hace noticias amparado en su nivel socio-político-económico de don nadie. Digamos que a cualquier hombre le pueden venir impulsos pasionales difíciles de controlar. San Juan Pablo II decía que todo ser humano vive su sexualidad de manera conflictiva. No puede haber perfecta paz en un campo tan sensible.

Cuando los famosos no pueden negar sus fechorías falderas, aducen ser víctimas de adicción sexual. Entonces acuden a libros de autoayuda o incluso a clínicas especializadas para superar esa adicción al erotismo.

En honor a la verdad, los hábitos viciosos rara vez se superan solamente con ayudas psicológicas. Con frecuencia, como dice el refrán, “hace falta Dios y ayuda”. Pasamos ahora a un campo sólo accesible a la fe religiosa.

El cristiano reza a diario, “no nos dejes caer en la tentación”. El hombre débil que acude a las fuentes de la gracia divina, como la oración, la meditación, los sacramentos y los servicios desinteresados, se fortalece contra las tentaciones.

San Agustín cedió ante los embates de la pasión sexual en su juventud. Ayudado por su madre Santa Mónica y por San Ambrosio se abrió al encuentro con Dios, y Dios le cambió el rumbo a su vida. Su conversión no fue un logro autónomo de la fuerza de voluntad, sino fruto principalmente del auxilio divino. Esa experiencia suya la plasmó en una frase que lleva el sello inconfundible de su estilo literario: “Hagamos lo que podamos, pidamos lo que no podamos, y Dios hará que podamos”.

Sacerdote jesuita.

ebarriossj@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2017, 8:08 p. m. with the headline "Políticos hipersexuados."

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