PEDRO CAVIEDES: Otra masacre
A las 11:30 de la noche del martes 14 de abril, soldados de la brigada móvil 17 de la Fuerza de Tarea ‘Apolo’ del ejército, que para protegerse de la lluvia habían buscado refugio en el coliseo deportivo de la vereda La Esperanza, del corregimiento de Timba, en el municipio de Buenos Aires al norte del departamento del Cauca, en Colombia, fueron masacrados cobardemente por la cuarta comisión de la columna móvil ‘Miller Perdomo’ de las FARC. Les cayó, literalmente, una lluvia de granadas y balas, que mataron en su sueño a 11 y dejaron heridos a 8. Solo los que el destino les dio tiempo de reaccionar, pudieron salvarse. El ataque sucedió casi 4 meses después de que las FARC declararan una tregua unilateral, que había llevado al presidente Juan Manuel Santos a suspender hace poco los bombardeos a esa pandilla de bandidos.
Craso error del presidente de los colombianos, que al parecer olvidó los desplantes, mentiras y engaños de que se han valido a lo largo de la historia los jefes de este grupo terrorista, cada vez que se han iniciado conversaciones de paz. Ya sucedió en el Caguán, donde el país esperaba con anhelo un acuerdo, mientras los terroristas utilizaban los diálogos para armarse y prepararse mejor a lo que ha sido desde sus inicios su único fin: tomarse el poder.
¿Y el poder para implantar qué? ¿Qué clase de patria sería una Colombia dominada por personas que han secuestrado para cobrar recompensas económicas y para amedrentar al Estado? ¿Qué clase de patria dominada por unos forajidos que han saboteado la infraestructura del país que quieren gobernar? ¿Qué clase de patria dominada por unos asesinos, por unos delincuentes, por gente que ha hecho del reclutamiento forzoso de niños la principal fuente que alimenta sus filas y ha detonado carros bomba en las ciudades? ¿Por personajes macabros que preparan emboscadas como la de esta semana que dio con las vidas de los soldados y que siembran el campo de minas antipersonas?
No se trata solo de criticar el proceso de paz de La Habana, se trata de preguntar al presidente Santos y su gobierno qué han hecho con el ejército prácticamente imbatible que les dejó el presidente Uribe. Hace unos meses las FARC se dieron el lujo de secuestrar a un general de la República. Esta semana emboscaron a los soldados.
Dice el presidente Santos que lo que quiere es detener tantas muertes. Pero es que las muertes ya se habían detenido con la arremetida del gobierno del presidente Uribe. ¿Por qué dar marcha atrás, por qué meterse en este proceso cuando las FARC estaban tan disminuidas, sin secuestrados ‘negociables’ para amedrantar al gobierno, y a la deriva en la selva colombiana, actuando como nómadas por miedo a los cazabombarderos de la Fuerza Aérea? Ya existía una política de entrega y día a día eran más los guerrilleros que desertaban. ¿Por qué darles este oxígeno?
El fiscal general dijo al lado del presidente que lo de los soldados fue un crimen de guerra. ¿Cuál guerra? Lo que hay en Colombia es una pandilla de delincuentes narcotraficantes armados hasta los dientes que todo el país repudia, y unas Fuerzas Armadas que todo el país quiere y apoya, y que nos representan a todos.
Una sola vida que esta suspensión de los bombardeos se haya cobrado, bastaría para reclamarle al gobierno. ¿Cómo es que se ordena que no se utilicen todos los medios que ha adquirido un país para la defensa de sus soldados, de sus veredas, de sus ciudades, de su gente?
Fírmese lo que se firme, como todo lo que toca las FARC, estará manchado de sangre.
Esta gente solo se merece la cárcel.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de abril de 2015, 0:00 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Otra masacre."