¿A quién beneficia la reforma fiscal?
Acaba de ser aprobada por mínima diferencia simple de votos la reforma fiscal en el Senado. Ahora deberá conciliarse con la previa versión aprobada por los congresistas para someterla al presidente Trump, quien con su firma dará el ejecútese a la nueva fórmula de impuestos. Todo parece bien, excepto porque esa conciliación no se hizo con los que devengan menos salarios.
En efecto, según el último reporte de la oficina de presupuesto congresional (CBO), que no es una entidad partidista, los que ganen más de $100,000 al año serán los más beneficiados en esta reforma. En cambio, los que ganen menos de $30,000 serán los más perjudicados para el 2019. Incluso, pronostican que los que perciban menos de $40,000 para el 2021 y menos de $75,000 para el 2027, serán también afectados por este nuevo régimen impositivo. Desde luego, Trump apuesta a que la economía crecerá con esta nueva propuesta. Se dice apuesta porque nada es seguro. Están proyectando un crecimiento del producto interno bruto por el orden del 8% anual. Desde finales de los 70 no se ve un crecimiento de esa magnitud, cuando el llamado milagro japonés alcanzó un 14% interanual.
En teoría, ese explosivo crecimiento económico lo ocasionará la disminución de impuestos a los más acaudalados. Es decir, lo que ellos ahorran ahora en impuestos será invertido en nuevos negocios. Nada más alejado de la verdad. En la vida real lo que sucede es lo mismo que aconteció en los períodos de Reagan y Bush, cuando lejos de crear empleos, ese ahorro se destinó a la compra de más acciones en el mercado de capitales (léase la Bolsa). No es lo mismo tener 1000 acciones de una corporación, que 2000. Evidentemente, los dividendos repartidos al final del ejercicio fiscal serán mayores.
Algunos se preguntan: ¿Pero si aumenta el capital en el negocio, aumentan también las inversiones? No necesariamente. Generalmente se estipula hacer una nueva emisión de acciones para justificar el aumento de capital. Pero regularmente, el objetivo perseguido es acrecentar la rentabilidad y las reservas.
Recientemente el presidente Trump afirmó: “Esta reforma me va a costar una fortuna”. No obstante, un informe de MSNBC reporta que Trump y su familia pudieran ahorrar hasta $1000 millones si el ajuste de impuestos es el mismo recomendado por la Cámara de Representantes. Entendemos que ningún demócrata votó a favor del nuevo código tributario, a pesar que se visualizaban cambalaches, como aquel “si eliminan la obligatoriedad de tener Obamacare, no votamos por la reforma”. Claro está, el voto sería a favor si sucedía lo contrario.
Con la mayoría republicana se obtuvo la aprobación y todos, menos el senador por Tennessee Bob Corker, votaron a favor. Corker adujo que la reforma aumentaría el déficit fiscal en un billón de dólares. Lo cierto es que la única forma de compensar la disminución del ingreso es reduciendo dramáticamente el gasto público, algo que se contradice con el plan de Trump que pretende más bien aumentar el gasto corriente.
La economía sigue boyante, y ahora con la aprobación de la reforma tributaria, incluso, aumentará su ritmo. Ahora mismo el mercado parece propicio para inversiones, las expectativas son positivas, no existe incertidumbre en el corto plazo. Sin embargo, en el mediano plazo (cinco años), cuando se confirme que la mano de obra desocupada aumentó por ausencia de nuevos negocios que la contraten, entonces comenzará el declive de la economía y junto con ella el aumento en el costo de la vida. Por ahora en el nuevo presupuesto se contempla reducir el gasto en Medicaid, Medicare y educación, entre otros rubros. ¿Quiénes sufrirán más por estos recortes? Los mismos de siempre, los que menos tienen, particularmente los hispanos, quienes promedian un ingreso anual de $30,000. Ahora deberán pagar más por este tipo de gastos, al disminuir la ayuda federal.
Si el presidente Trump quisiera ayudar efectivamente a la población, comenzaría por abrir la libre importación de medicinas. Posteriormente dejaría entrar libremente a los capitales norteamericanos que decidan regresar al país. Y finalmente, no entorpecería la producción de autos eléctricos ni la generación de energía solar.
Así de verdad se haría patria y la reforma fiscal no se inclinaría de un solo lado.
Economista y periodista.
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Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2017, 2:31 p. m. with the headline "¿A quién beneficia la reforma fiscal?."