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Opinión

Resurge el indigenismo en México con Marichuy Patricio

María de Jesús Patricio, conocida como MariChuy, aspira a la presidencia de México con una agenda indigenista y anticapitalista.
María de Jesús Patricio, conocida como MariChuy, aspira a la presidencia de México con una agenda indigenista y anticapitalista. AP

Al llegar a Miami después de un largo periplo por las populosas ciudades del Norte: New York, Philadelphia y Chicago, donde los inmigrantes mexicanos son los que ocupan varios empleos: de cocineros y camareros de restaurantes, de mucamas en los hoteles y como chóferes de taxis –casi todos con aparentes ancestros indígenas–, me encuentro con una noticia sobre la primera mujer aspirante presidencial indígena en México, María de Jesús Patricio Martínez, a la que todos llaman Marichuy Patricio.

Es importante que nos fijemos en el resurgir del indigenismo que ella representa, porque ya se vio lo que resultó con Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, que tuvieron el apoyo de los grupos indigenistas como antes el APRA, Alianza Popular Revolucionaria Americana, de Víctor Raúl Haya de la Torre, en Perú. El indigenismo es un movimiento que propone que sean los indígenas los que dirijan el país, por ser mayoría o los originales, rechazando a los de ascendencia europea, que los han dominado desde la conquista española en el siglo XVI.

Marichuy, de origen nahua, ha sido designada como representante del Congreso Nacional Indígena, para que contienda como candidata independiente a nombre de ellos y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el proceso electoral del año 2018 para la presidencia de México.

“La propuesta hace un llamado a la sociedad y organizaciones, que se identifican en la lucha contra el despojo, la represión, la discriminación y la explotación, a organizarse y construir un mundo nuevo”, han declarado. La organización zapatista se instituyó precisamente desde los años 1994 y siguientes en Chiapas, cuando el poeta mexicano Premio Nobel Octavio Paz visitó Miami en 1996. Muchos radicales se opusieron al poeta por no apoyar a los zapatistas. Entonces había una guerrilla comandada por el subcomandante Marcos y otros, y la situación era terriblemente difícil.

Paz, quien había definido la identidad de los mexicanos con su extraordinario ensayo El laberinto de la soledad (1950), respondió en Miami a sus atacantes analizando para este diario, en esa fecha importante del 96, las fallas del zapatismo: “Mi posición frente a los zapatistas es bastante clara. En primer lugar, es la expresión de una situación muy antigua en México, crónica, que es la de las minorías indígenas, evidentemente injusta y desdichada. A este fenómeno se insertó el de la Teología de la Liberación. Finalmente, un grupo de jóvenes de extrema izquierda, que son lo que llamaríamos los continuadores del 68 [los de la revuelta de Tlatelolco]”.

“No estoy en contra de ellos”, siguió diciendo. “Lo que quiero es que se integren a la vida política nacional. Muchas de sus demandas son legítimas, hay que satisfacerlas, otras son de carácter general y hay que discutirlas entre todos. Por ejemplo, ellos hablan mucho de democracia y libertad”. Pero deberían definir las leyes que buscaban, añadió Paz.

Ahora, la aspirante Marichuy Patricio no habla de democracia y libertad, sino de anticapitalismo, porque dice que los empresarios les están destruyendo las comunidades indígenas, las aguas, las tierras, en fin, sus vidas, con sus proyectos, incluyendo los petroleros. Tampoco tiene un plan, quiere que este surja entre todos a base de discusión y consenso. Es un deseo de volver al primitivismo, lo cual se convertiría en barbarie, si esto se llevara a cabo, y resultaría en un empobrecimiento mayor para su gente.

Sin embargo, ha sido respaldada por las comunidades indígenas y hay que observar su activismo actual, porque ella tiene, como todo indígena americano, mucha paciencia. Ya lo ha dicho, que no importa que no sea presidenta ahora, sino que la organización crezca. Estuve en Bolivia en 1984 y me preocupó el desconocimiento del idioma castellano entre las comunidades indígenas de allí. Luego fui al Ecuador en 1999, y vi las huelgas indígenas que me hicieron dar consejos a algunos políticos, que obviamente no escucharon. De la población de unos 12 millones de personas, un 3 por ciento en aquel momento tenía el 40 por ciento de las riquezas.

Al no dominar el lenguaje castellano de los invasores los indígenas no se asimilaron totalmente, en ninguno de estos países, a pesar de que han pasado más de 500 años de cultura hispana en América. Hay 69 lenguas indígenas en México. Pero ninguno es oficial, como sucede en el Paraguay con el guaraní, además del español, y en Bolivia con el quechua y el aimara. Sin hablar castellano obligatoriamente, no se ha podido transculturar completamente la población de origen precolombino.

Aunque me alegra mucho que una mujer quiera defender a sus grupos y aspirar a la presidencia, frente al machismo típico mexicano, me preocupa su entrega a una utopía irrealizable, a menos que quiera más pobreza aún para su pueblo. Octavio Paz se refirió al machismo como uno de los problemas fundamentales en México, de lo mismo que se queja esta nueva líder, que estoy segura que dará mucho de que hablar.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2017, 6:03 p. m. with the headline "Resurge el indigenismo en México con Marichuy Patricio."

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