La fiesta de Raúl de Molina
Cada Miami Art Basel te pilla más viejo y con menos ganas de verte envuelto en el stress, el tráfico, esa sensación de agobio y angustia de perderte de algo que te genera la feria. Y cada vez me siento más ridículo de no disponer de un millón de dólares para ingresar a la fiesta como coleccionista antes que como mirón. Me agobia adentrarme en mi quinta década siguiendo de figurante antes que de protagonista. Y tampoco quiero sumarme a la legión de criticones que esconden su frustración profetizando que la feria está muerta, o va a morir, o se desgasta. Ese tipo de personas te susurran al oído mientras ves un Wilfredo Lam de siete millones de dólares, cosas como: “el arte contemporáneo ya no es noticia. Vuelve el Renacimiento. Y hasta los Impresionistas”.
Por eso celebro que desde hace dos Art Basel, Rodner Figueroa me cuela en la fiesta que su antiguo compañero de televisión, Raúl de Molina, ofrece en su casa para dar el pistoletazo de salida de la feria. Es una fiesta que se anuncia como open house pero donde tengo la sensación que se cuida mucho a quien se invita. Debo de caerle más o menos bien a los anfitriones que me permiten aparecer, beberme todo el champagne y asistir maravillado al desfile de los verdaderos invitados. Compañeros de la televisión, galeristas, managers, periodistas, escritores, un enjambre perfecto de profesionales que solamente puede mezclar De Molina y su esposa Millie. Y además, surgen momentos increíbles como la foto en uno de los balcones de Rodner con su actual jefa, María Celeste Arrarás y María Elena Salinas, que acaba de ser homenajeada en Univisión tras más de treinta y largos años en esa cadena. No es fácil que una industria tan competitiva como la televisión pueda ver unidos a los rostros de los programas más enfrentados. Y por eso me pareció histórico pero también con un mensaje, en esta industria tiene mucha importancia la profesionalidad. Y lo profesional no deja de mejorarse con el paso de los años. Y la experiencia tiene que demostrarse unidos porque unidos se defiende a la industria de la que forman parte.
Fue una gran lección y no espero que me inviten al próximo año. No tengo tanto interés en perder mi status de agregado o colado. Me divierte porque es el secreto para poder estar en la ocasión histórica sin que se prevea que vaya a serlo.
En cuanto al resto de Art Basel, creo que va siendo hora de que la ciudad haga algo por prevenir el caos de circulación. Pero a lo mejor eso es un sentimiento más europeo que americano. Me da la impresión que en América las cosas se dejan como están en la creencia de que vas a ganar más resistencia. Es horrible estar atascado en un tráfico que no se mueve entre dos calles pero probablemente te dé herramientas para drenar tu mente, para fortalecer tu espíritu o para hacerte más empoderada, que son las nuevas frases hechas de nuestro tiempo.
Así como tengo menos paciencia con Miami Art Basel, creo que cada vez me indigesto más con la palabra empoderada. En primer lugar creo que es un préstamo lingüístico bastante chocante. Los préstamos lingüísticos no me fascinan porque me cuesta sentirme tranquilo ante algo que debo. Además, me parece inferiorizante, sigue manteniendo a la mujer en un plano de favor. Empoderarte porque no tienes ese poder por naturaleza. Todo eso hay que revisarlo, antes de volver a la fiesta de Raúl de Molina.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2017, 6:31 a. m. with the headline "La fiesta de Raúl de Molina."