El karma persigue a Trump en Alabama
La elección de Alabama era un referéndum sobre Donald Trump y el veneno que ha inyectado en la política, la civilidad y la dignidad de Estados Unidos, y sufrió una humillante derrota. Fue un acto de repudio hacia él y un gran aviso al Partido Republicano que le ha excusado lo inexcusable, vendiendo los principios conservadores a precio de saldo por la mera ambición de mantener el poder.
Ha triunfado la decencia y hoy se respira mejor. El milagro de Alabama –eligiendo al primer senador demócrata en 25 años– frena la revolución trumpista contra las normas de convivencia establecidas; frena el supremacismo blanco y la xenofobia; frena el divisionismo; frena el sexismo; frena el envalentonamiento de quienes han hecho del insulto, la mentira y la intimidación su sistema operativo. Pero no los elimina. Una prueba de ello fue la negativa de Roy Moore a reconocer su derrota frente a Doug Jones la noche del martes: “Esto no se ha acabado”, dijo acogiéndose a que “sólo Dios” tiene la última palabra. Pero Dios ha hablado claramente en Alabama, dando un escarmiento a la soberbia y la falta de caridad con los más débiles de la sociedad, que son en esencia los dos preceptos trumpistas.
El 12 de diciembre marca un turning point, un giro en la historia. Y no es casualidad que se haya producido en momentos en que la ola de denuncias de acoso sexual que recorre el país está cambiando la dinámica social. Sabe bien el Partido Republicano que tener en la Casa Blanca a un acusado de asalto sexual destila una pestilencia para la que no existe desodorante. Particularmente cuando el Partido Demócrata ha adoptado una política de “tolerancia cero”. Y tanto Hollywood como los medios de comunicación y otras industrias están cleaning house, despidiendo fulminantemente a los acusados. Como dijo el senador Al Franken en su discurso de renuncia, “es irónico” que el acosador-en-jefe siga subido en el podio de la Oficina Oval mientras todos los demás caen empujados.
Tan invulnerable se cree Trump que no sólo apoyó a un acusado de pederastia como Moore, sino que el mismo día de la elección se atrevió a insinuar que una senadora demócrata estaba dispuesta a hacerle favores sexuales a cambio de dinero. Es el colmo de la repugnancia. Y pagará por ello, tarde o temprano. Al menos 100 congresistas han pedido esta semana que le investiguen por las acusaciones de asalto o acoso sexual de 18 mujeres. Y varios senadores exigen su renuncia, incluida Kirsten Gillibrand, de la que Trump se vengó insinuando que era prostituta.
Es improbable que el actual Congreso de mayoría republicana abra una investigación sobre los alegatos sexuales contra Trump, porque hasta ahora se han guiado por la máxima maquiavélica de que “el fin justifica los medios”. Pero las elecciones de 2018 están a la vuelta de la esquina y los resultados de Alabama son un indicio de la masacre que podrían enfrentar los candidatos apegados a la doctrina Trump. ¿Hay algún político que practique la auto-inmolación? Dudoso. La mayoría se alejará de una Trump Tower cuyos cimientos se tambalean.
Además, la derrota de Moore es el tercer fracaso de Trump en menos de dos meses. También había apoyado a otros dos perdedores: Luther Strange en las primarias republicanas de Alabama y Ed Gillespie para gobernador de Virginia. Su respaldo se ha convertido en el beso de la muerte política. Pero como en el planeta Trump todo se teje a base de mentiras y realidades alternativas, el presidente respondió al fiasco con un tuit típico de su narcisismo enfermizo: “Dije que Moore no podría ganar la elección general. ¡Y tuve razón!”. Mentira. ¡El pidió abiertamente el voto para Moore! Y lo hizo a petición de Steve Bannon, pretendido verdugo del establishment republicano, que ha perecido en su propia guillotina.
El desplome de Bannon y Moore elimina una pesadilla para los líderes republicanos en Washington, a pesar de haber perdido un voto en el Senado que dificultará el paso de leyes. Pero un senador acusado de pederastia hubiera sido un lastre permanente y un perfecto reclamo publicitario para los demócratas, de cara a las próximas elecciones. Y, de haber reforzado su poder, Bannon representaba una seria amenaza para la escisión del Partido Republicano, ya inmerso en una destructiva guerra civil. La facción del establishment –encabezada por Mitch McConnell en el duelo con el ultraderechista Bannon– ve ahora más despejado el camino, al menos internamente. No así frente a los demócratas, muy estimulados por la impopularidad de Trump reflejada en los últimos sondeos del Pew Research Center, con sólo un 32% de aprobación.
Si el creciente rechazo a Trump se traduce en una victoria en 2018 que dé a los demócratas suficiente control del Senado y –potencialmente– del Congreso, la investigación de Trump está garantizada. Y el impeachment también. Todas las espadas que hoy apuntan a su caótica presidencia –empezando por la pesquisa sobre presuntos nexos con Rusia– pueden afilarse el próximo año. Es la ley del karma.
Feliz Navidad, señor Trump.
Periodista y analista internacional.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de diciembre de 2017, 4:22 p. m. with the headline "El karma persigue a Trump en Alabama."