El monstruo Weinstein
Siento un enorme respeto por Salma Hayek, sobre todo por la manera en que ha sabido conducir su carrera, partiendo de las telenovelas mexicanas hasta la cima de Hollywood. Y ahora como una de las voces más contundentes en la lucha por la defensa de los maltratados derechos de las mujeres, uniendo su voz y sus palabras mediante un editorial en el New York Times que nos ha sacudido a todos. Hayek repasa todos los incidentes sucedidos durante la producción y el rodaje de Frida, su épica y maravillosa película sobre Frida Kahlo, uno de los iconos culturales y femeninos de su país, México. Harvey Weinstein produjo esa película y en el editorial, Hayek, sumándose a la ola de mujeres que denuncian abusos por parte del productor y muchos otros hombres fuertes de la industria, consigue dibujar el retrato más terrible, desolador y abrumador del productor. Un monstruo. Su monstruo.
Sin embargo, en un momento del artículo, Hayek permite un instante de luz sobre esa espantosa figura, abusador, prepotente, manipulador y es cuando recuerda que tras reconocerle, al fin, que Frida fue una buena película, se permite tener un momento de cordialidad en la que florece un hombre encantador, culto, que le habla de lo enamorado que está de su futura esposa, Georgina Chappman, y le reconoce que ha dejado de fumar y que sigue apasionado de su peculiar trabajo: hacer películas. “Pero ese era el problema con él, nunca sabías cuál Harvey Weinstein ibas a encontrar”, reconoce Hayek. Otra manera de desvelar cómo actúa un acosador y por qué es tan peligroso y avanza en nuestra sociedad sin que podamos acorralarlo. No es que tengan dos personalidades, es que están acostumbrados a seducir primero, con encanto, labia, regalos, poder. Y entonces agredir.
ES un cocktail infalible. Está claro que el abuso está directamente relacionado con el poder. Porque el poder es una seducción absoluta que necesita ser alimentada día a día. Igual que el priapismo, la escenificación más salvaje de esa necesidad de satisfacción y poder. Un hombre príapico muchas veces es visto como un ser especial; en algunas reuniones he llegado a escuchar que se le ve casi como un dios, precisamente por esa facilidad para sostener una erección casi permanentemente. Lo terrible es que existen hombres que se creen príapicos y de alguna manera perdonados en nuestra sociedad machista. Si a esa creencia le agregamos un poquito de poder, cualquiera que este sea, se manifiesta el principio del abuso.
Sin embargo, creemos que es de personas bajas el emplear su poder para conseguir satisfacción. La realidad es otra, son muchos los personajes privilegiados, celebrados, exitosos que no pueden distinguir satisfacción de abuso.
Por eso, defiendo la tolerancia cero en este caso pese a que esa decisión afecte cosas que me importan. Una de ellas mi propia relación con extraños en horas complicadas. No me atrevo a ir más allá de estrechar sus manos. Y otra es, las carreras de personas que he admirado como Kevin Spacey, Dustin Hoffman e incluso las extraordinarias películas que durante dos décadas produjo Miramax, con Weinstein al frente. Pero, según lo que explica Salma Hayek en su editorial, se sufrió demasiado para conseguir una buena película. ¡Es terrible el relato de cómo Weinstein la obligó a rodar una escena lésbica para conseguir que mantuviera su apoyo al proyecto! Y, en realidad, que esta se realizara. Hayek describe el quebranto físico y mental que padeció ese día. Y es desolador. Y al mismo tiempo, valiente.
Muchas veces nos advierten que lo que deseas cuesta caro. Y es verdad.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de diciembre de 2017, 2:29 p. m. with the headline "El monstruo Weinstein."