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Opinión

Mensaje de Navidad

El Papa Francisco oficia la misa en la fiesta de la Virgen de Guadalupe, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 12 de diciembre.
El Papa Francisco oficia la misa en la fiesta de la Virgen de Guadalupe, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 12 de diciembre. AP

Cuando este próximo 25 de diciembre el papa Francisco, ataviado para la ocasión con mitra, báculo, estola y capa fluvial, salga al balcón central de la Basílica de San Pedro para su tradicional Mensaje de Navidad, los ojos del mundo estarán sobre él. ¿De qué hablará su Santidad esta vez? ¿Cuáles serán sus reflexiones? Estoy seguro que temas no le faltarán. Y es que, desafortunadamente, este año no solo algunos de los antiguos conflictos se agudizaron sino que también surgieron otros nuevos.

La lista de ellos es extensa, grave y dolorosa. En Siria, aunque una nueva ronda de negociaciones entre el gobierno de Bashar al-Asad y la oposición ha comenzado en Ginebra, todavía la guerra –que ha dejado un saldo de cientos de miles de muertos y millones de refugiados– continúa siendo un problema grave en esa zona y una de las principales causa de fricción entre Rusia y Estados Unidos. En Yemen, la guerra civil que se libra entre los separatistas del sur y las fuerzas leales al gobierno de Mansur al-Hadi, apoyadas por Arabia Saudita, se ha prolongado por más de tres años y ya la ONU ha alertado que millones de yemeníes están a un paso de la hambruna. En Irak, el Estado Islámico ha sido expulsado de sus fronteras, pero aun así mantiene su capacidad letal y cuenta con una amplia red de apoyo en todo el mundo, lo que le ha permitido seguir llevando a cabo ataques terroristas. En la península coreana las tensiones han aumentado peligrosamente porque Corea del Norte, desafiando las sanciones de la comunidad internacional, ha continuado probando misiles para su programa de armas nucleares. La posibilidad de que pronto logre construir uno con ojivas nucleares en sus cabezas y que pueda alcanzar Estados Unidos ha disparado las alarmas en Washington. En un discurso en la ONU, el presidente Donald Trump dijo: “Tenemos un gran poder y paciencia, pero si nos vemos forzados a defendernos, no tendremos otra opción que destruir totalmente a Corea del Norte”. Por su parte, en un comunicado, Pyongyang amenazó con “reducir el continente estadounidense a cenizas y oscuridad”. La posibilidad de una guerra nuclear jamás había estado tan cerca como ahora.

No menciono en esa lista lo que ocurre en Venezuela y Cuba para no mezclar los abusos totalitarios de esas dos dictaduras con los ataques de los asesinos musulmanes contra gente inocente; mucho menos, por la desproporción, con los peligros de una conflagración atómica. O para no alargar el prontuario de los crímenes cometidos en el mundo; no importa si en nombre de una ideología o una religión.

El mundo está mal; no nos engañemos. Tal vez más que nunca antes en la historia. En el siglo pasado las guerras se libraban en los campos de batalla, no en las ciudades. Todavía están abiertas las heridas de los últimos atentados terroristas en Barcelona y Nueva York. Es cierto que después de cada tragedia las ciudades recobran sus cotidianeidades, pero también es cierto que el daño en las conciencias de sus habitantes no desaparece nunca. Las Ramblas han vuelto a llenarse de gentes desde la Plaza de Cataluña hasta el monumento a Cristóbal Colón y en Nueva York miles esperarán la llegada del 2018 en Times Square; pero el miedo sigue ahí, oculto en los árboles del famoso boulevard catalán y en los altos rascacielos de Manhattan.

Sí, nuestras vidas deben seguir. Ojalá que las palabras del papa Francisco en esta Navidad nos ayuden a continuarlas en paz y con confianza. Es por eso que los fieles estarán este próximo 25 de diciembre en la Plaza de San Pedro esperándolas con emoción. En estos difíciles momentos que vive la humanidad nunca han sido más necesarias: “Que el Espíritu Santo ilumine hoy nuestros corazones, para que podamos reconocer en el niño Jesús, nacido en Belén de la Virgen María, la salvación que Dios nos da a cada uno de nosotros. Que el poder de Cristo, que es liberación y servicio, se haga oír en tantos corazones que sufren la guerra, la persecución y la esclavitud. Que su fuerza redentora transforme la destrucción en creatividad, el odio en amor y ternura”.

manuelcdiaz@comcast.net

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de diciembre de 2017, 5:19 a. m. with the headline "Mensaje de Navidad."

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