Navidad permanente en Kendall
La gráfica que acompaña nuestra columna de Navidad este año forma parte de un formidable tríptico que alegra permanentemente el costado izquierdo del interior del templo parroquial de Good Shepherd en Kendall. En el centro está la escena que ves aquí; a la izquierda se encuentra la Adoración de los Reyes y a la derecha la Visita de los Pastores. Acaba de completar la obra su autor, Emilio Falero, que además de ser un consagrado pintor sabe buena teología.
El Catecismo de la Iglesia (# 1085) nos enseña que todo lo que Jesús es, y todo lo que hizo por nosotros perdura eternamente presente en la historia humana. ¿Cómo? ¿Por qué? La respuesta no es complicada. Para Dios sólo hay presente. Un presente que abarca simultáneamente al pasado y el futuro. Su Nacimiento, Pasión y Resurrección dado que forman ese vivo presente jamás pierden su vigencia y frescura. Nos impactan y redimen hoy y siempre. Llevo un año viendo este cuadro-mural desde el altar y nunca ha dejado de refrescarme el alma y reclamarme una sonrisa.
Jesús nace y renace cada Navidad porque a Dios nadie le puede. Herodes fracasó en su intento de impedir la primera. Los déspotas que violentaron almas y pueblos los siguientes veinte siglos, fallaron igualmente. La belicosidad anti-religiosa prevalente en nuestro entorno político-social la combate rabiosamente. Si a todo esto le añaden la nauseante comercialización de la “temporada” y los demasiados cristianos descoloridos e inconsecuentes, explíquenme por qué seguimos sembrando de cascadas de luces y melodías nuestras ciudades, calles y hogares al llegar estas fechas.
¿No será que nace el que dijo: “Yo soy la Luz del mundo”? Falero inunda todo el lienzo de luz. Visiten el templo y déjense impactar por el acierto con que entremezcla el resplandor multicolor de la estrella con la luz que arropa al Recién Nacido. Si se acercaran al cuadro, notarán otros certeros detalles tales como las espigas de trigo sobre las que se extiende un paño de altar que enmarca a Jesús Bebé, desnudito cual Nuevo Adán…
Una fecunda parra enlaza los tres paneles para remitirnos al banquete eucarístico que agradecida, celebra diariamente la Iglesia. Todos esos turrones y demás delicias que disfrutamos por Navidad brotan de Belén, que en hebreo se traduce como “Casa del Pan”. Si no te dice gran cosa, es que no sabes o te has olvidado de que este Niño que es verdadero Pan del cielo, Cordero sabroso cuya ardiente Sangre nos embriaga sin jamás marearnos.
Dostoievski, siempre profundo, escribió: “El hombre que conserva muchos recuerdos de su infancia, ése está salvado para siempre”. Georges Bernanos les decía a los pibes de una escuela católica elemental: “Les ruego que no se olviden que este maltrecho mundo nuestro sólo se mantiene en pie gracias a la alianza de ustedes con los poetas y los santos; ¡no la rompan!”.
Entre ángeles, pastores, bueyes, ovejas; entre sabios y santos Reyes que guiados por una estrella llegan a adorar a un Bebé divino que acuna en sus brazos la mamá más preciosa, nadie, nadie se siente más a gusto que “nosotros” los niños…
“Señor, para estos días te pido antes que la alegría, antes que el gozo claro y encendido, antes que la azucena y que las rosas, una curiosidad ancha y serena, un asombro pueril ante Ti y frente a las cosas”. (Pemán)
Saquen las panderetas y cantemos: Arre borriquito / vamos a Belén / a ver a la Virgen / y al Niño también. // Arre borriquito, vamos a Belén / que mañana es fiesta / y pasado también.
El autor es un sacerdote jesuita.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de diciembre de 2017, 7:19 a. m. with the headline "Navidad permanente en Kendall."