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Opinión

SERGIO MUÑOZ BATA: Comparando lo incomparable

La semana pasada, el periódico Los Angeles Times dedicó una plana entera a los obituarios de dos escritores muertos el mismo día, Günter Grass y Eduardo Galeano. Me sorprendió la equidad de sus obituarios, cada uno ocupaba la mitad de la página. En mis cuarenta años dedicados al periodismo, siempre he pensado que la importancia de la nota es lo que dicta el espacio y que en este caso no cabía la paridad entre el autor de obras maestras como El Tambor de Hojalata, y un periodista ingenioso que disfrazaba sus libros como si fueran textos de historia.

De muy distinto peso literario, Grass y Galeano tenían algunas cosas en común, ambos eran escritores y activistas de izquierda pero solo uno de ellos, Grass, enfrentó la literatura con rigor y seriedad. El Tambor de Hojalata narra la historia de Alemania, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial a través de Oskar Matzerath, un niño que a los tres años decidió no crecer más y toca su tambor de hojalata para protestar contra la case media alemana. Así como los nazis destruyeron sinagogas, casas y negocios judíos durante Kristalnacht, a Oscar le basta un grito para romper cristales. Publicada en 1959, la novela provocó elogios e insultos acompañados de demandas legales por blasfemia. Eran los tiempos en los que Alemania luchaba por hacer las paces con su pasado.

Muchos años después Grass causó otro gran escándalo al revelar que a los 17 años, sirvió en la infame armada SS nazi y mantuvo oculta su participación durante 60 años. ¿Afectó esto su reputación como escritor? No. ¿Afectó su reputación como activista? Sí, y yo creo que mucho. Ocultar su pasado delataba una enorme contradicción personal. Sin embargo, la forma en la que Grass encaró la historia de su país y obligó a sus compatriotas a enfrentarla sigue siendo admirable. ¿Debió cesar en su empeño de enfrentarse al pasado por haber sido un participante menor en el horror nazi? No, pero no fue este el único error que Grass cometió en su, a veces, desenfrenado activismo político. Se equivocó en su oposición a la reunificación de las dos Alemanias; asimismo fue desafortunada su visión maniquea de Estados Unidos con un énfasis excesivo en lo negativo y poco reconocimiento de lo positivo. También se equivocó en su visión de América Latina, sobre todo cuando quiso condenar al resto de los países a “seguir el ejemplo de Cuba”.

El despiste de Grass es comprensible si consideramos que en este tema también el uruguayo Galeano no solo se equivocó sino que condujo al equívoco a una enorme cantidad de activistas latinoamericanos. El libro más famoso de Galeano tiene un título de antología en el panteón de la truculenta cursilería populista latinoamericana: Las venas abiertas de América Latina, y fue el manual de “historia” de los revolucionarios y de sus imitadores.

Dicen quienes le conocieron que el uruguayo era un hombre muy inteligente. No lo dudo, sobre todo después de que leí unas declaraciones que hizo el año pasado en Brasil, aclarando que a cuarenta años de la publicación de su libro, “no sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”. Parte del problema, según dijo el propio escritor, es que el libro “intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria”.

Otra parte del problema ha sido la difusión del libro por parte de lectores despistados como el inefable comandante Hugo Chávez, quien tuvo la desfachatez de regalarle un ejemplar a Barack Obama en 2009, durante la V Cumbre de las Américas. Cuestionado al respecto, Galeano comentó que “ni Obama ni Chávez entenderían el texto,” y agregó que el problema para Obama era que el libro estaba escrito en español. Nunca aclaró por qué Chávez no lo entendería.

Grass ocupa ya su lugar en la historia de la literatura mundial del siglo XX junto a gigantes como su compatriota Thomas Mann y el francés Albert Camus. Galeano será recordado como el autor de frases ocurrentes. De su historial en el activismo político lo memorable es que ambos fueron escritores comprometidos a una ideología y a una moral en una época que hoy parece distante. La diferencia es que las novelas de Grass forman parte del canon literario de Occidente mientras que los panfletos de Galeano serán un asterisco en la historia de la literatura.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de abril de 2015, 1:00 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Comparando lo incomparable."

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