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Opinión

Las fotos de Montserrat

Montserrat Oliver es una prestigiosa conductora mexicana cuya intimidad ha sido hackeada esta semana por un grupo que se hace llamar Dono Leaks y que no tiene web ni nada parecido. Las fotos que se han obtenido ilegalmente del ordenador de la periodista ofenden su dignidad y son un cobarde ataque contra su orientación, su pareja y en definitiva contra sus derechos como mujer. ¿Por qué no se filtran contenidos como esto de un hombre?

La respuesta no es tan sencilla. Monserrat Oliver ha sido muy valiente en manifestarse como mujer homosexual en un país tan profundamente machista como México. Sin embargo, su valentía le ha ganado aún más respeto y en cierta manera ha servido para mejorar la imagen del país ante culturas más desarrolladas. Quizás, herida y ofuscada por lo sucedido, Oliver ha salido en sus redes con una imagen sexy pidiendo porque las fotos hackeadas no continuaran difundiéndose. De momento, la controversia continúa, las fotos viajan de móvil a móvil y los memes intercambian su rostro con el de amigos comunes y hasta personajes históricos. En nuestra hipócrita sociedad, muchos dicen lamentar lo sucedido, condenar la violación a la intimidad y acto seguido dan click en sus dispositivos para reenviar las imágenes a todos sus contactos de whatsapp.

Es terrible. Y muy contagioso. La siguiente en sufrir la “visita” de los hackers fue Kate Del Castillo, que, sinceramente, no necesita más polémicas en su vida. Los selfies robados de la actriz la enseñan disfrutando de la buena imagen que ofrece su cuerpo, una especie de fiebre narcisista que suele atacar a los actores en la soledad de habitaciones de hoteles o en el tiempo muerto entre grabaciones. Es uno de los problemas de la vida a golpe de Instagram: no puedes separarte del celular y este te exige, cual enloquecido espejo de la madrastra de Blancanieves, que te hagas un selfie por minuto para exhibirte sin control.

El resultado de tanta foto sugestiva y que se cree a resguardo en tus dispositivos tecnológicos es que la propia tecnología puede actuar en tu contra, como les ha sucedido a Montserrat y Kate y, probablemente, a otras más. Algunos expertos aconsejan a las víctimas ponerse más al día en las redes y en vez de guardar en el disco duro ese tipo de imágenes, subirlas a plataformas de contenido efímero como SnapChat donde desaparecen a las 24 horas.

Es probable que esta lógica tan digital choque contra la educación analógica de la generación de Montse y Kate pero al menos es una posibilidad para impedir que el hacker te fastidie unas navidades. Otra mucha gente insiste en que a partir de una cierta edad, el narcisismo debe ser superado pero yo puedo dar fe que eso no sucede. Naces narcisista y mueres narcisista. Tampoco se debe sugerir que no se hagan ese tipo de fotos con el móvil. ¡Faltaría más! Mi celular es lo más parecido a mi alma que conozco y dispongo. Nadie puede decirme lo que tengo que hacer con él Y es por eso que propongo tanto a Montserrat como a Kate como a la siguiente en verse expuesta, que le rebajen importancia. Nada es más infalible que el humor, ante cualquier circunstancia o desgracia de la vida. Es la calma después de la tormenta. Así que si alguien se horroriza y emite juicios de valores por fotos inapropiadas obtenidas también inapropiadamente, lo aconsejable es darle la vuelta. Celebrar lo guapas que salen, el cuerpazo que tienen todas, superando los convencionalismos que las sociedades machistas imponen sobre la mujer y la juventud. Y reconociendo que su pareja es linda y además amada. Y el resto, pelillos a la mar.

Escritor y presentador venezolano.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de diciembre de 2017, 2:39 p. m. with the headline "Las fotos de Montserrat."

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