Catalunya: es la ideología, estúpido
El resultado de las elecciones catalanas, decretadas por el gobierno español, quedará en los anales del constitucionalismo español. Un govern catalán, liderado por Carles Puigdemont, huido a Bruselas, es consecuencia de la supervivencia de la ideología y de la aplicación de las matemáticas.
La contundencia de las acciones del gobierno español (intervención de la autonomía por aplicación el artículo 155) y los tribunales (encarcelamiento de consellers y dirigentes de asociaciones cívicas), no ha rebajado los anhelos independentistas. Los partidos separatistas han logrado un nuevo éxito.
Todo es triunfo de la ideología, reforzada por las matemáticas. La novel formación “Junts per Catalunya” (JpC), jibarización de la coalición “Junts pel Si”, que fue el ariete de ataque de la alianza de los restos de Convergéncia Democrática, el antiguo invento de Jordi Pujol, ha superado a la histórica Esquerra Repúblicana. Con sus votos combinados (66) y el apoyo de la anticapitalista CUP, JpC supera la mínima de 68 escaños para formar gobierno.
Por otro lado, el éxito más espectacular ha estado protagonizado por el impresionante ascenso de Ciutadans, liderado en el contexto parlamentario catalán por Inés Arrimadas, andaluza de nacimiento. De ubicación centrista, es encuadrable en los formatos liberales de Europa. Ciutadans puede haber sido acusada de actuar como una rama del conservadurismo del Partido Popular, pero se ha convertido paradójicamente en enemigo frontal de Mariano Rajoy. Arrimadas ha captado millares de votos que no solamente expresan su oposición al independentismo, sino también su incomodidad a compartir espacio con el PP.
Si los votantes que han apoyado a Puigdemont, al igual que los fieles a Esquerra, lo han hecho por lealtad ideológica, y no se han amilanado por los argumentos del gobierno español en cuanto al deterioro de la economía catalana, los que han regalado su voto a Arrimadas han sido impelidos por desconfianza del historial del PP.
En ese contexto se entiende el techo del potencial de la propia Esquerra Republicana, a pesar de sus reclamos de capturar un espacio socialdemócrata, con tan buenas intenciones como la hercúlea tarea de los socialistas catalanes, bajo la dirección de Miquel Iceta. Pero los efectos de la cruenta ruptura entre sus sectores catalanista y “españolista”, y entre los grupos “obreros” y los “intelectuales”, todavía tiene un efecto de zapa. De ahí que el llamado de Iceta para ser el presidente del consenso de los sectores “constitucionalistas” se vino abajo por la fuerza no de la ideología, sino de las matemáticas. Los independentistas tienen la mayoría, sin necesidad de mendigar votos.
Los “comunes”, una macedonia de excomunistas y neopopulistas, puede considerarse perdedora doble, por no poder ejercer su fuerza en coaliciones. Por su parte, la CUP ha visto rebajada su tropa a la mitad, pero conserva la baza del apoyo necesario para la “restauración” de Puigdemont. Curiosamente, los anticapitalistas deberán refugiarse bajo el “grupo mixto” con el supercapitalista Partit Popular catalán, que se quedará con apenas 3 diputados (de 11 en la anterior legislatura).
Rajoy liderará a nivel estatal el partido con mayor número de escaños en el congreso español y estará a la cola en el catalán. Se deberá a la actuación errática de varios miembros del gabinete de Rajoy, y los silencios del presidente, escudándose en la letra fría de la Constitución. Los sectores independentistas se felicitaban cada vez que la vicepresidenta del gobierno Soraya Santamaría justificaba las acciones de su superior. Gran parte del nuevo voto independentista proviene de la decisión de catalanistas moderados en convertirse en pragmáticos inversionistas de la utópica república.
Los sectores que se han opuesto a la reforma del reglamento de votación debieran reflexionar, ya que una parte importante del tozudo voto independentista proviene de la Catalunya “profunda” del interior y las ciudades medianas. El voto en las grandes ciudades (más de base inmigrante) es más caro que en el interior (de hondas raíces quasi-étnicas).
De ahí que la combinación de los argumentos ideológicos y el rechazo de las advertencias de argumentos económicos (huida de empresas del territorio catalán, descenso del turismo) hayan hecho posible este resultado. ¿Es la ideología, estúpido, se diría en el contexto de Clinton? También es la matemática… y la geografía.
Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.
jroy@miami.edu
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de diciembre de 2017, 3:01 p. m. with the headline "Catalunya: es la ideología, estúpido."