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Opinión

EMILIO J. SÁNCHEZ: El gran negocio de las escuelas charter

El reciente anuncio de que los legisladores de la Florida aprobaron destinar decenas de millones de dólares de los distritos escolares para la construcción y mantenimiento de escuelas charter sorprendió a muchos. Señores, por si no se han dado cuenta: ¡la privatización de la escuela pública marcha a todo tren!

El crecimiento de las charter es constante: cada año se crean cerca de 500. Actualmente hay en el país más de seis mil escuelas con una población estudiantil de dos millones. El sur de la Florida parece ser su paraíso: Miami-Dade y Broward están dentro de los 10 condados con mayor número de matriculados. Solo en el condado existen 125; y en toda la Florida hay más de 600, que suman cerca de 300,000 alumnos (15 por ciento del total).

La escuela charter —se rige por un contrato, charter— constituye un híbrido entre la escuela pública y la privada. Recibe fondos del estado y del gobierno federal; es gratuita y abierta, pero es administrada mayormente por una entidad privada, que no sigue necesariamente las regulaciones y reglamentos de las públicas.

Diane Ravitch, exsubsecretaria de educación del gobierno de George H. W. Bush, alerta en su más reciente libro (The Hoax of the Privatization Movement and the Danger to America’s Public Schools, 2013) sobre los peligros de la privatización de la escuela pública, uno de cuyos signos más visibles son las charter. Me permito glosar el capítulo que esta afamada historiadora de la educación les dedica.

La idea original la propuso en 1988 Albert Shanker, presidente de la Federación de Maestros de Estados Unidos, al tratar de lidiar con alumnos de zonas pobres, conflictivos y desmotivados. En su opinión, ese colegio especial complementaría los esfuerzos de la escuela pública, sirviendo como laboratorio donde se ensayarían innovaciones pedagógicas. Sin embargo, bastó la irrupción de organizaciones lucrativas en el proyecto para que Shanker abjurara de su plan, pues las charter, en vez de colaborar, hacían una competencia deshonesta.

Esas escuelas recibieron un gran impulso en el 2001 con la Ley No Child Left Behind de George W. Bush, que tuvo un brillante promotor en su hermano Jeb, el llamado “gobernador de la educación”. En la actualidad más de 42 estados poseen legislaciones que las favorecen. Curiosamente, aunque por razones diferentes, las apoyan por igual los partidos republicano y demócrata, así como fundaciones importantes —The Bill & Melinda Gates, The Walton Family, Eli & Edythe Broad— y think tanks –The Heritage Foundation, Hover Institution, Thomas B. Fordhand Institute— y un sinnúmero de corporaciones. El dinero fluye a raudales.

Sin embargo, es con el presidente Barack Obama que esos centros han alcanzado el máximo de amparo federal. Además de aumentar su financiamiento, Obama presentó la iniciativa Race to the Top en la que brinda subvenciones ($4.35 mil millones), siempre que los estados no impongan restricciones a la expansión de las charter. Desde luego, es una oferta difícil de rechazar en estos tiempos.

Con todo, hasta ahora no han demostrado ser una verdadera alternativa. Según investigaciones, sus resultados han sido similares y, en algunos casos peores, a los de la escuela pública; tanto, que muchas han sido clausuradas. Entonces ¿por qué el afán desmedido, y como en espíritu de santa alianza, por fomentar las escuelas charter?

Miles de millones de dólares se gastan cada año en la educación. Los empresarios descubrieron una inagotable mina de oro, si se aplicaban los principios de mercado: demanda, oferta, inversión y ganancia, clientes, consumo...

El gran negocio de las escuelas charter ha beneficiado enormemente a las empresas de bienes raíces y de construcción, así como a las compañías de servicios educativos: libros, exámenes, laboratorios, bibliotecas, campos deportivos, computadoras y tabletas, pizarras electrónicas, etc. Préstamos, créditos federales y exención de impuestos y hasta Green Cards —para los extranjeros— funcionan como fuertes incentivos. Un banquero calificó a las charter como “un negocio muy estable, libre de riesgos”.

Pero su entrada triunfal en el mercado son las cadenas de escuelas. En la actualidad existen en el país cerca de 200 “organizaciones gerenciales de educación”. Entre ellas, las más relevantes son KIPP, Imagine Schools Inc. y Gulen Charter Schools. Y ahora mismo somos testigos de la más reciente y redituable modalidad: las charter online. Escuelas en la “nube”, que exigen poca inversión y garantizan máximos beneficios.

La escuela pública tiene un lugar bien ganado dentro de la sociedad; y junto a ella la privada y la religiosa. La escuela charter, al menos en su versión original, también. Pero nada de eso asoma en el modelo que pulula hoy. Con ellas, el dinero de los contribuyentes sigue fluyendo a mares a los bolsillos de empresarios privados. Mientras tanto, la escuela pública sigue debilitándose, lentamente, ante los ojos de todos. Y casi sin darnos cuenta.

Periodista, exprofesor universitario.

emilscj@gmail.com

www.sehablaespanolblog.wordpress.com

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de abril de 2015, 11:00 a. m. with the headline "EMILIO J. SÁNCHEZ: El gran negocio de las escuelas charter."

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