A merced de lo peor
Los miembros originales de las Naciones Unidas fueron Francia, la República de China, la Unión Soviética, Reino Unido, Estados Unidos, Argentina, Australia, Bélgica, Bolivia, Brasil, Bielorrusia, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Checoslovaquia, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Egipto, El Salvador, Etiopía, Grecia, Guatemala, Haití, Honduras, India, Irán, Irak, Líbano, Liberia, Luxemburgo, México, Países Bajos, Nueva Zelanda, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Filipinas, Polonia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Siria, Turquía, Ucrania, Uruguay, Venezuela y Yugoslavia. Eran solo 59 miembros, donde interactuaban 30 democracias aceptables con monarquías y terribles dictaduras. Unidos, con raro equilibrio, lograron que el mundo se recuperara, renaciera y avanzara luego de la II Guerra Mundial.
En las Naciones Unidas ya no hay equilibrio. Ganaron los malos y los corruptos, los violadores de todos los derechos, los abusadores y asesinos de sus propios pueblos. Lo peor de lo peor. La ONU ahora está integrada por 192 países miembros más dos observadores: nada más y nada menos que el Vaticano y la Autoridad Palestina ¡Cuán disímiles! Curiosamente, si bien desconozco los parámetros utilizados, de acuerdo con Freedom House, solo 86 de estos miembros son considerados democracias.
La mayoría de los miembros se agrupan en grupos formados por afinidad o intereses comunes:
Grupos regionales: Grupo Asiático con 54 miembros, donde China, Irán y Arabia Saudí ejercen una vital influencia y las votaciones de sus miembros suelen estar en línea con sus políticas domésticas.
El Grupo Africano también con 54 miembros, encabezados fundamentalmente por Sudáfrica, Angola y Egipto.
Grupo de América Latina y el Caribe (GRULAC) con 33 miembros bajo gran influencia de Cuba y Venezuela.
Grupo de Europa Occidental y Otros (WEOG) con 29 miembros. Este es el único que acoge a Israel en ciertas instancias, ya que su grupo geográfico, el asiático, no le da acceso. A este grupo, aunque no de modo oficial, pertenece Estados Unidos e influye, de alguna manera, junto a Alemania, Francia y Reino Unido.
En el grupo de la Unión Europea (UE) los 28 miembros son rehenes de su dependencia del petróleo exportado por naciones árabes y de su creciente población musulmana. Ahí es donde destacan Alemania, Francia y, cada vez menos, Reino Unido.
Hasta ahí las coincidencias de los intereses entre los países de una misma región tienen bastante sentido. Donde se complica más la ecuación es cuando estas agrupaciones tienen como principal y casi único objetivo no solo influir en los resultados, sino controlar las votaciones. Es el caso del Movimiento de Países No Alineados, con 119 miembros (61 por ciento de los miembros de la ONU) o la Organización de la Cooperación Islámica (OCI) con 56 miembros que, junto a la Liga de los Estados Árabes con 21 miembros, hace inevitable que, constantemente, se pasen resoluciones en contra de los intereses israelíes y hace absolutamente imposible que se aprueben resoluciones que beneficien a Israel, independientemente de que sea lo justo y humanitario.
Para las Naciones Unidas, Israel se percibe como siempre se hizo al judío en Europa, ajeno y despojado de humanidad, culpable de todos los males y, por lo tanto, condenable a priori.
Esta última votación contra Israel pasó con una aplastante mayoría. No obstante, hubo 37 abstenciones, marcando una diferencia notable en comparación con los tiempos de Barack Obama. Los abstinentes fueron: Antigua-Barbuda, Argentina, Australia, Bahamas, Benín, Bután, Bosnia-Herzegovina, Camerún, Canadá, Colombia, Croacia, República Checa, Republica Dominicana, Guinea Ecuatorial, Fiji, Haití, Hungría, Jamaica, Kiribati, Latvia, Lesoto, Malawi, México, Panamá, Paraguay, Filipinas, Polonia, Rumania, Ruanda, Islas Salomón, Sudan del Sur, Trinidad-Tobago, Tuvalu, Uganda y Vanuatu. Como era de esperarse, junto a Estados Unidos votó una ínfima minoría de valientes naciones: Guatemala, Honduras, Israel, Islas Marshall, Micronesia, Nauru, Palau y Togo. Hasta el 13 de diciembre del 2017, 144 estados miembros han pagado sus cuotas del presupuesto ordinario en su totalidad. El resto, los otros 49, no lo han hecho, pero aun así no pierden el derecho al voto.
El presupuesto propuesto por la ONU para 2018-19 es de $5,400 millones, de los cuales le corresponde (¿a santo de qué?) a Estados Unidos el 22 por ciento de esa cifra, es decir, $1,180 millones. A China, con una población cuatro veces superior y con el mismo derecho al veto, le toca un 7.91 por ciento o $427.14 millones. Rusia cubre apenas un 3.88 por ciento, lo cual representa unos $209 millones. En otras palabras: los norteamericanos subsidiamos a la ONU con el doble de lo que aportan nuestros más peligrosos adversarios con los mismos derechos y muchísimos menos escrúpulos.
Si no tuviera consecuencias tan trágicas, parecería un chiste de mal gusto. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de diciembre de 2017, 5:15 p. m. with the headline "A merced de lo peor."