Colombia 2018, la preocupación que el castrochavismo tome el poder
La gran preocupación para muchos colombianos en 2018 radica en que en las elecciones presidenciales salga elegida la ideología destructora y formas de antigobierno de un Nicolás Maduro, Hugo Chávez o Fidel Castro.
Colombia tendrá entre sus candidatos a alguien que hace apenas tres años era uno de los criminales más buscados del planeta, el otrora máximo jefe del temido y sanguinario secretariado de las FARC, Timochenko. Además, su ahora partido político, FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), tendrá candidaturas al Congreso y otros cargos de votación popular.
Timochenko no está de primero ni de segundo en las encuestas, pero esto no significa que, si en esta ocasión no, en un segundo intento no lo logre.
Quien sí está muy arriba es Gustavo Petro, un exguerrillero del M-19, que dice no haber participado en actos violentos cuando fue parte de ese grupo, y que ha sido congresista y alcalde de Bogotá, con una gestión que no dejó mucho que mostrar en materia de buenos resultados.
Colombia ya tuvo en el M-19 una guerrilla que se desmovilizó y se lanzó a la política. Sin embargo, este, un grupo terrorista que llevó a cabo la violenta toma del Palacio de Justicia en 1985, que causó más de un centenar de muertes, nunca llegó a los niveles de sevicia, ni a comercializar y franquiciar el secuestro, la tortura, el robo y la extorsión, ni a convertir el narcotráfico en uno de sus principales patrocinadores, como las FARC.
Que Petro esté arriba en las encuestas, y también Sergio Fajardo, exgobernador de Antioquia aliado con Jorge Robledo y Claudia López, ambos representantes de la izquierda, dice mucho del descontento general por la gestión del presidente Juan Manuel Santos.
Para su primera elección, Colombia votó masivamente por Santos, porque era el candidato que prometía continuidad a las políticas del expresidente Álvaro Uribe Vélez, y a quien este avaló como su reemplazo. Pero Santos no solo traicionó la ideología de Uribe con sus indultos a la guerrilla, su concesión de que puedan acceder a cargos de elección popular y la justicia alternativa que creó para ellos, sino que también produjo el clima político perfecto para que la gente salga a votar por un populista que no solo les represente un (supuesto) cambio, sino que se venda como un antipolítico.
La manera como el actual presidente consiguió con corrupción que todo lo que exigían las FARC en la mesa de negociación lo aprobara el Congreso y la inherencia de la tristemente célebre Odebrecht en su reelección, dejó una clase política desprestigiada y a un pueblo que nunca se había sentido más robado. La corrupción no es una práctica nueva, además de ser un mal de todo el planeta, pero el nivel de descaro y la danza de billones que se vivió con la “mermelada” del gobierno Santos, bate cualquier récord Guinness.
Por si fuera poco, para cubrir el gran hueco fiscal que dejó ese desfalco, presentó una reforma tributaria que aumentó los impuestos a las empresas. En un país en el que los empresarios que se mantienen en la legalidad son como un barco de papel enfrentándose a un tsunami de burócratas y políticos hambrientos, ese aumento actúa como la cicuta. Y con las empresas alicaídas, también disminuye el empleo.
Así que candidatos como Iván Duque (Centro Democrático), Vargas Lleras (Cambio Radical) o Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador), la tienen cuesta arriba para lograr un triunfo que libre a Colombia de un nefasto ingreso a las huestes del castrochavismo.
Les deseo un feliz año.
Escritor colombiano.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de diciembre de 2017, 2:42 p. m. with the headline "Colombia 2018, la preocupación que el castrochavismo tome el poder."