Rebeldía en Irán
Al comenzar el nuevo año y analizando el panorama global, lo que más me ha llamado la atención, por inesperado (para mí) y por su importancia estratégica han sido las manifestaciones de protesta de ciudadanos iraníes contra el régimen imperante. Por primera vez desde el 2009, cuando el llamado “Movimiento Verde” se levantó en rebeldía y la administración del presidente Barack Obama lamentablemente los ignoró, no había habido manifestaciones antigubernamentales como las que estamos presenciando ahora.
Desde las relativamente modernas, grandes ciudades hasta las más remotas y fervientemente religiosas comunidades campesinas, los ciudadanos iraníes están retando a la teocracia despótica que controla el país. Las protestas comenzaron por una economía en declive pero han crecido para incluir demandas por libertades políticas y por el remplazo del ayatolá Ali Khamenei, el jefe de estado, y, más aún, por expresiones de nostalgia por Reza Shah, el fundador de la dinastía Pahlavi.
Las protestas son diferentes a las de 2009 que comenzaron cuando los mulás le entregaron las elecciones al entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad. Pero son consideradas peligrosas por la tiranía clerical que ha reaccionado violentamente contra la ciudadanía. Hasta el presente, 21 personas han sido asesinadas y otros cientos han sido detenidos.
Estados Unidos debe apoyar, decisivamente, a los disidentes contra la tiranía de este régimen. Esa sería una reacción totalmente opuesta a la de Barack Obama, que permaneció vergonzosamente inerte al principio de su primer término a pesar de la brutal represión del gobierno iraní y del descubrimiento subsecuente de sus secretas instalaciones nucleares. Hasta ahora, el presidente Trump ha lucido bien: ha criticado al régimen iraní desde que las protestas adquirieron fuerza y advertido que “Estados Unidos está observando”. La izquierda ha criticado a Trump porque al apoyar a los disidentes debilitará su causa porque el gobierno iraní dirá que “los odiados Estados Unidos está fomentando su movimiento”. Pero Khamenei es profundamente antiamericano y nos culpará de cualquier manera.
Ya ha comenzado. En Twitter, Khamenei acusó a “los enemigos de Irán” –una clara referencia a Estados Unidos– de “infiltrar y golpear a la nación iraní”, aunque es obvio que las protestas son de origen interno. Oposición a Estados Unidos es el primer principio del régimen iraní y lo usa para mantener al país en un puño.
Estados Unidos tiene una habilidad limitada para influenciar el resultado de estas protestas. Es difícil obtener buena información sobre Irán gracias, en parte, a la política del régimen de mantenerse aislado del escrutinio periodístico. Muchas de las figuras políticas del Movimiento Verde de 2009 han sido asesinadas, detenidas o puestas bajo arresto domiciliario. Esto hace difícil para Estados Unidos el identificar a una facción organizada a quien Estados Unidos pudiera ayudar.
Pero, tanto como podamos, debemos trabajar para inclinar la balanza contra el régimen. En este caso, los intereses de política exterior de Estados Unidos están en línea con los civiles iraníes. Además de ser una amenaza autoritaria que niega a sus ciudadanos los derechos civiles, el régimen iraní ha promovido terrorismo en el Medio Oriente y asesinado a americanos por décadas. Si el régimen es eliminado, Irán tiene la oportunidad de ser un país normal que atiende a sus intereses en lugar de exportar terrorismo. Ese sería un gran logro para Estados Unidos y la seguridad global.
Por lo tanto, debemos tomar acciones diplomáticas robustas. Junto a los comentarios iniciales de Trump, el Departamento de Estado emitió una declaración denunciando al régimen iraní y reafirmando nuestro apoyo a los disidentes. La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, ha pedido reuniones del Consejo de Derechos Humanos y el Consejo de Seguridad de la ONU para centrar la atención en la represión brutal del régimen iraní sobre sus ciudadanos. Debemos también urgir a nuestros aliados en Europa a que se manifiesten y, dada la naturaleza económica de las protestas, incrementar las sanciones a Irán.
El régimen es impopular porque el presidente Hassan Rouhani no ha producido los beneficios económicos que prometió en campaña. Debemos hacerle imposible que tape su fracaso con promesas de prosperidad; debemos retirarnos del Plan Conjunto de Acción que Obama y John Kerry negociaron para su legado.
Las dictaduras caen cuando el aparato represivo del régimen se quiebra, y no sabemos que pasará en Irán. Pero debemos honrar con nuestro apoyo a esos disidentes que arriesgan sus vidas y esperar que Estados Unidos haga todo lo posible por ayudarlos.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de enero de 2018, 7:28 p. m. with the headline "Rebeldía en Irán."