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Opinión

La fortaleza de la igualdad

Acabo de leer una excelente columna del escritor Javier Marías, titulada El último bastión, en la que el novelista muestra cómo la Unión Europea es, en su concepto, la última línea de defensa de las libertades en Occidente. La columna inicia exponiendo cómo en su momento, y en situaciones mucho más dramáticas, esa última línea fue Inglaterra, que resistió sola, en lo que Marías llama el “hecho más épico de los últimos cien años”, el asedio nazi, cuando el resto de Europa ya había caído de una forma u otra en las garras de Hitler, y los Estados Unidos optaba por no inmiscuirse.

Después, Marías enumera a quienes atacan o quieren debilitar a la Unión Europea, como Vladimir Putin, que busca disgregarla y romperla de cualquier modo; el presidente Donald Trump, que la boicotea; los yihadistas de ISIS, que la han atacado en innumerables ocasiones; y Nicolás Maduro. Pero el asedio no solo llega de afuera, pues la UE también recibe ataques constantes de retrógrados en sus países miembros, como los xenófobos británicos, que lograron ganar un referendo para abandonarla; la racista Marine Le Pen, que quiere acabarla; la extrema derecha de Holanda, Escandinavia, Alemania y Austria; y también los de extrema izquierda; a los que ahora se le han sumado algunos independentistas catalanes.

El escritor también señala lo espeluznante de la situación de los derechos y las libertades en el mundo, pues, mientras “en la Unión Europea no hay pena de muerte, hay elecciones democráticas y libertad de expresión y de prensa, y asistencia sanitaria aceptable; los diferentes países no pueden hacer cuanto se les antoje sin ser amonestados…”, con Rusia, China, Turquía, las Filipinas, Egipto, Myanmar, Venezuela, Arabia Saudí, otros países musulmanes y Cuba, siendo países autoritarios, el escritor pregunta a sus lectores si “queda algún otro baluarte de las libertades de este lado del Atlántico”.

Lo más aterrador es que el que hasta hace poco era, no ya el baluarte, sino la insignia, el mayor representante de esas libertades, Estados Unidos, Marías lo enumera como uno de los “convertidos en naciones autoritarias”.

Y no creo que él sea el único que lo piensa. Por muchas respuestas y actitudes de quien hoy ocupa el primer cargo de esta increíble nación, uno se pregunta si ante una amenaza como la que se vivió en el siglo pasado con el advenimiento del nazismo, nuestro comandante en jefe daría la orden de defender a sangre y fuego a un mundo amenazado por una larga era de tinieblas.

Porque para eso, lo primero que se necesita es creer en los principios con los que este país fue fundado, empezando porque todas las personas son iguales y tienen los mismos derechos, y valores como la justicia y sistemas como la separación de poderes, son indispensables para que la libertad florezca.

Pero yo espero que se necesite mucho más que uno o dos períodos de un presidente como éste, para torcer el espíritu de algo que cohabita en el corazón y ADN de quienes residen en estas tierras, ya sea por nacimiento o porque llegaron aquí precisamente en busca de lo que en sus países se le negaba.

Yo espero que, en últimas, por encima de partidos e ideas políticas, unos sepan salir en defensa de los otros, cuando, por ejemplo, se les acusa de provenir de países que “son unos agujeros de mierda”. Porque es en esa defensa de los derechos de nuestro otro igual, donde anida precisamente, mucho más que en su economía o ejército, la gran fortaleza de esta nación a la que tantos agradecemos infinitamente que hoy podamos llamar hogar.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2018, 5:05 a. m. with the headline "La fortaleza de la igualdad."

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