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Opinión

El agravio nuestro de todos los días

La autopista 836 se convierte cada mañana, en dirección al este, en una pesadilla de congestión vehicular.
La autopista 836 se convierte cada mañana, en dirección al este, en una pesadilla de congestión vehicular. EL NUEVO HERALD

El ciudadano común, comprometido con los quehaceres diarios —no los gobernantes— es quien tiene mayor influencia en la sociedad, expresó el papa Francisco en su homilía la víspera de Año Nuevo. Recalcó que una de las actividades representativas de la vida cotidiana, de la normalidad, es la manera de manejar.

En efecto, la actitud demostrada en las calles y autopistas habla por nosotros, y las estadísticas confirman quienes somos como sociedad. Claro que nadie en Miami necesita estadísticas para saber quiénes somos al volante. Es pura sobrevivencia del más agresivo. Se podría decir que nuestros hábitos de conducir definen el concepto de colesterol urbano, frase acuñada por el arquitecto y urbanista brasileño Jaime Lerner que resume el excesivo y peligroso uso de vehículos en nuestras arterias.

Downtown Miami

En la Segunda Avenida se maneja como si fuera una autopista, a velocidades de hasta cincuenta millas por hora. Y esta avenida atraviesa el campus del Miami Dade College y torres residenciales con un creciente número de niños.

Cruzar la intersección entre la calle 2 y la Tercera Avenida del Sudeste es un acto casi suicida. Cuando los peatones se aventuran a la acera opuesta, los motoristas en un afán de escapar a sus respectivos suburbios aceleran o, mejor dicho, embisten furiosos.

Un dato curioso: mientras más caro el modelo del auto, menor el respeto al ciudadano de a pie. Informa David Brooks en un ensayo del New York Times que los conductores de BMWs son los menos propensos a frenar en los cruces peatonales y aquellos que se creen superiores a los demás demuestran ser los más burdos.

El exceso de velocidad mata

Miami está clasificada entre las once ciudades del país más peligrosas para los peatones, con una altísima tasa de atropellos. Las estadísticas de la Asociación Nacional para la Seguridad (National Safety Association) no pueden ser más claras al respecto. Un atropello a la velocidad de 20 millas por hora redunda en un 5% de mortalidad. A 30 millas por hora la mortalidad aumenta al 40%. La tasa de muerte por atropello a 40 millas por hora se dispara al 80%.

El destacado urbanista de Miami Víctor Dover coincide: “La velocidad mata. El diseño de las calles para establecer velocidades adecuadas es más importante que señales de velocidad máxima. (Observar las señales es una decisión ética, y vivimos tiempos en que la ética se presenta demasiado subjetiva). Es necesario diseñar calles que prioricen al transeúnte, al ciclista. A alta velocidad los pequeños errores de los motoristas causan averías gigantes”.

Pero se muestra optimista, no por los hábitos de conducir sino por el decrecimiento de conductores. En particular la denominada generación de los Milllenials que parece romper con los suburbios y la dependencia vehicular, optando por el retorno a la vida urbana, al transporte público, al ciclismo y la eterna alternativa de caminar.

La contagiosa cortesía

Regresando al volante, es inevitable en Miami el dilema de responder a la agresividad de los conductores con más agresividad o apostar por la cortesía. Ese momento conviene preguntarse: ¿qué tipo de educación cívica debemos impartir a los hijos? Y si no hay hijos de por medio o no queremos ver más allá de nuestras propias narices, no queda otra que pensar con el bolsillo. La agresividad de los conductores de nuestra bella ciudad ha incidido en que una póliza de seguro para un Mini Cooper cueste más que la de un Tesla de cien mil dólares en Portland, Oregón.

Entonces, por los hijos, la sociedad y el bolsillo, como aconsejara el papa Francisco, alabando la prudencia al conducir, cuando en duda, recordemos que sí podemos conformar el grupo de “artesanos del bien común que aman su ciudad no con palabras sino con hechos”.

Novelista y ensayista, autor de Crónica del corazón, una guía para la salud cardiaca. Es director académico del Downtown Arts + Science Salon en Miami (DassMiami.com).

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de enero de 2018, 6:23 p. m. with the headline "El agravio nuestro de todos los días."

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