Réquiem por la Tricontinental
En enero de 1966, hace 52 años, se celebró la llamada Primera Conferencia Tricontinental de La Habana. Durante las sesiones de trabajo, que duraron más de dos semanas, se creó la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) para, según sus estatutos, luchar contra la dominación colonial e imperialista y defender el derecho a la independencia de sus pueblos.
En su Declaración General, redactada en un tono de lírico triunfalismo y aprobada por los más de quinientos delegados que asistieron, se proclamaba que “los pueblos de los tres continentes, decididos a barrer todos los obstáculos de su camino y a luchar indoblegablemente por una nueva Asia, una nueva África y una nueva América Latina, emancipadas definitivamente del imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo, se juntarán en apretado haz hasta obtener la victoria total y definitiva”.
El día de la clausura, sentados en la mesa presidencial junto a Fidel Castro (quien cerró el acto con un maratónico discurso de cuatro horas), estaban Salvador Allende, entonces senador de la república de Chile; Amílcar Cabral, secretario general del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde; Luis Augusto Turcios Lima, del Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre, de Guatemala; Pedro Medina León, de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) de Venezuela; Rodney Arismendi, secretario general del Partido Comunista de Uruguay; y John William Cooke, ex diputado del Partido Justicialista de Argentina y principal ideólogo de la izquierda peronista.
Ya muchos no lo recuerdan pero la Conferencia Tricontinental de la Habana marcó el comienzo de una convulsa década de desembarcos y alzamientos guerrilleros en las costas y las montañas de América Latina, de apoyos en inteligencia y logística en Asia, y de intervenciones militares a gran escala en África que parecían seguir, al pie de la letra, la consigna del Che Guevara de “crear, dos, tres...muchos Viet Nam”, con el consiguiente saldo de muerte y destrucción.
Los antecedentes de la Tricontinental habría que buscarlos, primero, en el impacto que el triunfo de la revolución cubana causó en los movimientos de izquierda latinoamericanos, muchos de los cuales se radicalizaron y optaron por la lucha armada como vía para acceder al poder. Y segundo, en la conexión que se estableció entre Cuba y algunos países de Asia y África, cuando en 1961 el Comité de Solidaridad Afroasiática, reunido en la ciudad de Bandung, acordó incluir en este movimiento a los países de América Latina. Y más tarde, en 1963, cuando durante la tercera Conferencia de la Organización de los Pueblos Afro-Asiáticos (OSPAA), celebrada en Tanganica, Fidel Castro invitó a los delegados a que celebrasen la Primera Conferencia Tricontinental en La Habana.
Lo demás es, como se dice, historia. De aquella conferencia saldrían, con un puñado de trasnochadas ideas en la cabeza y un certificado de defunción en el bolsillo, los jóvenes que Fidel envió a morir en nombre de la revolución mundial. Muchos de ellos cayeron en las remotas quebradas de los Andes; algunos en las calcinantes arenas de los desiertos africanos y otros en las escondidas selvas del Asia. Después de muchos años de guerra, la mayoría de aquellos movimientos terminaron adoptando otros métodos de lucha para acceder al poder. Unos pocos triunfaron; es cierto. Pero cuando trataron de implantar un sistema parecido al de Cuba, como ocurrió en Nicaragua, terminaron siendo derrotados. Los otros, cuando fueron gobierno, optaron por un rumbo político diferente.
Más de medio siglo después, la Tricontinental es un mal recuerdo del que solo queda una pequeña oficina en una barriada habanera venida a menos desde la cual todavía continúan, aferrados a los despojos ideológicos de la revolución cubana, organizando foros internacionales para “robustecer el internacionalismo y la solidaridad y continuar el combate”. Al parecer, cincuenta años de fracasos no han sido suficientes. Entre las ruinas que los rodean, soñando con el pasado, ellos siguen esperando por el fin del imperialismo. Y por el triunfo del socialismo en el mundo. Como se los prometió Fidel.
Escritor cubano.
manuelcdiaz@comcast.net
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2018, 2:35 p. m. with the headline "Réquiem por la Tricontinental."