Conversaciones con Nikulas
Mi nieto menor, de 21 años recién cumplidos, es desordenado, bohemio, culto, inteligente, y muy liberal. Durante la campaña presidencial de 2016 apoyó a Bernie Sanders. Me aseguró que Hillary Clinton no ganaría la presidencia. Por principios, votó por Jill Stein, la candidata del Partido Verde.
Cuando me visitó recientemente, le comenté mi indignación por los comentarios del presidente Trump sobre Haití, El Salvador y las naciones de África, a las que según fuentes fidedignas calificó como “países de mierda”. También le dije que dedicaría mi próxima columna al tema, porque era un momento en que afroamericanos e hispanos no podíamos callarnos; que algún día tendríamos que responder si ahora no protestábamos. Continué mis quejas sobre las muchas barbaridades que a menudo dice o escribe por Twitter el primer mandatario. Me pregunté retóricamente si no sufriría de principios de Alzheimer.
–Le das demasiado crédito, Aba –fue la respuesta de mi nieto–. Trump sabe lo que hace y la mayoría cae en su trampa. Distrae. Así todos hablan de lo que dice y no de los hechos.
Nikulas me recordó cómo en fecha reciente el Congreso, incluyendo los demócratas, habían votado a favor de continuar algunas partes del Patriot Act que estaban al expirar. Según Nikulas, aunque creamos que no nos importa que el gobierno escuche nuestras conversaciones telefónicas, ceder nuestro derecho a la privacidad en nombre de posibles amenazas terroristas es una forma más de disminuir las libertades individuales y conceder poderes excesivos al Estado. Me habló de regulaciones que se han eliminado, algunas de ellas perjudiciales para las fincas pequeñas, pese al gran apoyo que ha recibido Trump de los agricultores. Se quejó del daño que hace al país haberse retirado de tratados comerciales, y en especial del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Me aseguró que éramos, con razón, el hazmerreír de Europa.
En cuanto al tema de los Dreamers y de la reforma migratoria, Nikulas me señaló que no se habla de la cantidad de personas que deportan todos los días, a menos que fueran casos muy dramáticos, como el de un mexicano en Detroit que expulsaron a pesar de llevar 30 años en EEUU sin siquiera una multa de tráfico, y con una esposa y tres hijos americanos. Me aseguró –algo que comprobé luego– que ha habido menos deportaciones en 2017 que durante el último año de la presidencia de Obama.
–No es por falta de voluntad o presión, Aba. Es que han disminuido los que se atreven a cruzar la frontera, y también los indocumentados con cargos criminales. Ahora arrestan a personas que no son “bad hombres”.
También en esto tiene razón mi nieto, pero al ir a comprobar su información, me consoló enterarme del gran número de abogados que están trabajando pro bono para defender a los detenidos en los tribunales.
Sobre la posible candidatura de Oprah Winfrey a la presidencia, Nikulas manifestó sus simpatías por ella, pero opinó que sería lamentable si fuera electa. Con la fascinación de los americanos por las celebridades, en lo adelante podrían ser los famosos, en vez de políticos serios, quienes lleguen a la Casa Blanca. ¿Quién sería la próxima, una de las hermanas Kardashian?
Nikulas sabe que los millenials, al graduarse de las universidades, ganan menos que sus padres hace 30 años, pero que sin un título universitario no encontrarían un trabajo bien recompensando ni podrían acceder a servicios médicos adecuados. Le indigna que se invierta tan poco en la educación, y que los préstamos a estudiantes conlleven intereses tan altos. Asegura que la desigualdad económica está en aumento y que el sueño americano va muriendo. Ya no hay la misma movilidad social. En eso, Canadá supera a los Estados Unidos. Para él, el país se ha convertido en una oligarquía.
Mi nieto ha perdido fe en el sistema, que considera corrupto y que no ofrece igualdad de oportunidades. Piensa que se ha agotado la fórmula bipartidista; que debería haber otros partidos políticos, y tal como en los gobiernos parlamentarios, la necesidad de formar coaliciones para gobernar. El sistema electoral, según Nikulas, también necesita reformas. Su opinión del Congreso no podría ser más negativa. El cierre del gobierno le ha puesto la tapa al pomo.
A menudo le digo que se equivoca. Defiendo el sistema, achaco los problemas a los males propios de la democracia, a los cambios traídos por la globalización. Me duele un escepticismo tan profundo en un chico tan joven. Otras veces creo que tiene razón, y que no lo impulsa la falta de fe, sino su convicción de que la actual generación a la que pertenece lleva sobre sus hombros la responsabilidad de lograr cambios radicales.
Cuando toma su mochila y se acerca a despedirse, lo abrazo muy fuerte, porque muchas veces en mis conversaciones con Nikulas, no sé qué contestarle.
Escritora y periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de enero de 2018, 4:56 a. m. with the headline "Conversaciones con Nikulas."