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Opinión

El estado de la Unión y la prensa

El presidente Donald Trump pronuncia su discurso del Estado de la Unión en el Congreso, el 30 de enero. Detrás, el vicepresidente Mike Pence (izq.) y el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.
El presidente Donald Trump pronuncia su discurso del Estado de la Unión en el Congreso, el 30 de enero. Detrás, el vicepresidente Mike Pence (izq.) y el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. AP

El discurso del presidente Trump el pasado martes, el llamado Estado de la Unión, fue un discurso discreto, emocional pero también normal. Un discurso que podría pronunciar cualquier político. Muchos conservadores, como yo, que no nos sentimos del todo confortables con Trump, seríamos más fácil de convertir si el Trump del pasado martes fuera el Trump de todos los días.

En su mayor parte, el discurso fue bueno porque no fue un discurso típico de Trump, aunque sí buscó ponerle un rostro humano a las causas que Trump favorece. Trump usó varias veces las historias de invitados inspiracionales presentes en la audiencia, una tradición establecida por Ronald Reagan en los 1980s. Usadas discretamente, esas historias pueden añadir al valor del discurso, y esta vez lo hicieron, pero es curioso que tuvo que usarlas para buscar respaldo de la audiencia. Pero como Trump ha sido acusado de ser duro con ciudadanos ordinarios, quizás esto fue necesario. Y Trump, repetidamente, nos recordó cuán duro fue el 2017.

Otro aspecto a observar fue la cobertura mediática del discurso aunque, por razones de espacio, debo ser limitado. En toda la bulla mediática sobre bipartidismo, la prensa nunca reconoce el radicalismo demócrata que hace toda unión nacional imposible. Apenas había terminado Trump su discurso, un discurso que podía haber pronunciado cualquier demócrata antes que el radicalismo de los 1960s y 1970s se infiltrara en el partido, algunos en la prensa le estaban tirando un cubo de agua fría: “va a haber demócratas que se ofenderán con el discurso”, dijo uno. “Trump estaba vendiendo caramelos dulces con veneno”, dijo el otro.

Los demócratas se han convertido en el partido de los extranjeros-primero. Noten que una de las dos “respuestas oficiales” al discurso fue en español. La otra fue dada por el representante Joe Kennedy III, cuyas divagaciones sobre “transgenderism” habrían confundido a sus familiares políticos que lo precedieron.

El discurso de Trump no fué ideológico pero Jack Tapper de CNN, un ex empleado del Partido Demócrata, interpretó partes del discurso como “un puño cerrado en alto”. Otros comentaristas, desesperados por encontrar algo que criticar en el discurso lo pronunciaron “desinflado” y cuestionaron su “cadencia”.

Antes que los demócratas tomaran la curva que McGovern les trazó, habrían apoyado la mayor parte del discurso de Trump. Ahora es un partido de gastado y geriátrico radicalismo. Aun Joe Kennedy III sonó como un vejestorio leyendo un discurso que podría haber sido escrito por George McGovern o Bernie Sanders. Y así, los demócratas se retrajeron durante la mayoría del discurso. El caucus negro estuvo inmóvil mientras Trump rendía tributo a los niveles más altos de empleo negro durante los últimos 30 años.

CNN entonces se dedicó a especular sobre el matrimonio Trump. Un corresponsal en CNN se dedicó a especular si el vestido blanco de Melania era una forma de protesta contra su marido. Mucho se habló del viaje de Melania separada de su esposo. Que Melania y la esposa del VP Mike Pence eran anfitrionas de una recepción antes del discurso fue ignorado por los reporteros, que se olvidaron de las reglas tradicionales de respetar a la familia presidencial.

Pero el invitado más abandonado fue el senador Joe Manchin (D-West Virginia) que, durante todo el discurso, estuvo de pie por su cuenta. Después, Manchin notó la rudeza de sus colegas demócratas. Eso no le cayó bien a CNN. Van Jones ridiculizó el comentario de Manchin. Anderson Cooper no encontró que la rudeza de los demócratas era digna de comentario.

Evitar eso es imposible ya que los demócratas encuentran que su propia bandera es enajenable. A medida que avanzó la cobertura, empezó a hacerse claro entre los comentaristas de CNN que su reacción inicial al discurso del presidente era más negativa que la de su teleaudiencia. Una encuesta instantánea de CNN mostró que la mayoría de sus televidentes aprobaban el discurso. Pero CNN cubrió el tiempo con más comentarios deshonestos.

AGonzalez03@live.com

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2018, 8:31 a. m. with the headline "El estado de la Unión y la prensa."

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