Opinión

AMÉRICO MARTÍN: Delaciones y mentiras

Américo Martín

Dos temas toman por asalto mi columna de esta semana. La abrumadora sucesión de altos mandos revolucionarios en plan de destapar ollas gubernamentales, que en general los involucran también a ellos, y la sedienta oscuridad prometida por el nuevo plan de racionamiento eléctrico. Lados o “rayos” separados que se encuentran en su vértice, el vértice de la mentira.

Las cúpulas de poder asumen o no sus fallas y ocultan o no sus hechos punibles. En cualquier caso prefieren el silencio al estruendo. Quizá fuera esa la razón que llevó a José Vicente Rangel cuando estaba en la oposición a enfatizar –con razón o sin ella-que todos los gobiernos mienten.

No creo recordar y seguramente tampoco ustedes, amables lectores, una tan ruidosa explosión de hechos de corrupción como la que está abrumando al gobierno de Maduro. Hechos, por añadidura, doblemente escandalosos: por el monto de lo burlado y por la jerarquía de los burladores.

La simple relación pasma y preocupa al país y especialmente a aquellos oficialistas que no quieren perder su dignidad. Pero ahora quisiera hablar de la reacción insincera o francamente falaz del gobierno cuando los hechos se salen de cauce, van a la luz pública y dan lugar a delaciones muy comprometedoras. Yo creo que decir la verdad no solo es moralmente lo mejor, sino que además es lo menos pernicioso. La mentira desmoraliza al entorno de sus autores y no tarda en ser descubierta hasta por los más incautos.

Jorge Luis Borges, hablando de Judas, se permitió una frase cuya única falla, según me parece, es su rotundidad, su carácter absoluto:

-El Verbo (se refiere a Dios) se había rebajado a mortal (Cristo). Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator, el peor delito que la infamia soporta, y a ser huésped del fuego que no se apaga.

Samán –notorio dirigente del gobierno– condena a García Plaza por corrupto en los últimos. Hasta ahí pareces veraz. El problema es cuando entre promesas y veladas amenazas proclama:

–Al final saldrá la verdad. Una vez que se “destape la olla” va a salir gente a hablar.

Es decir, la cosa sigue y –prepárense- muchos soltarán prenda. El punto es que si hay una olla en trance de estallar ¿por qué no la abres tú ahora mismo y de paso evitas incurrir en la complicidad del silencio?

El Aissami –top en la Nomenklatura– reacciona colérico contra su amigo Rafael Isea:

–Es un bandido y traidor. Estaba descubierto pero Chávez me impidió que lo tocara. Ahora está delatando en Washington.

¡Qué disparate has dicho, Aissami! Acusas al supremo timonel de encubrir severos delitos, a tu compañero Isea de ser delator y traidor y te inculpas a ti mismo al confesar que no procediste contra semejante rufián porque Chávez te lo pidió. Complicidad por encargo, pues.

Arriba mencioné “la sedienta” oscuridad que nos espera a propósito del nuevo Plan eléctrico del presidente, el vicepresidente y el ministro de las promesas incumplidas, Jesse Chacón. Un doble problema: escasez eléctrica y de agua, dado que la primera mueve por tuberías a la otra.

Maduro se abrió con una falacia. Con aire teatralmente preocupado anunció la reducción de la jornada a seis horas diarias, a fin de que los pobres empleados públicos no sufran la inclemencia del calor. Se parece al incidente del mango: intentó convertir el acto hostil en amable petición, inmediatamente satisfecha.

¿Por qué en lugar de tan patéticas explicaciones, no asumió la simple verdad? No era un asunto de muerte y por lo demás cualquier orador está expuesto a que le tiren un zapato. Decir la verdad hubiese sido ético además de conveniente porque lo ocurrido no hubiera trascendido ni dado lugar a la befa colectiva.

Jesse enmendó, aunque no del todo, esa plana defectuosa. Dijo que el calor era tan intenso que con la sobrecarga de aparatos eléctricos la demanda podría rebasar la oferta. El Plan ordena un ahorro estrictamente supervisado de 20% en el sector público, y pide al privado una contribución de 10% adicional a su aporte de 20% durante la crisis de 2000.

Resulta difícil de creer. ¿Por qué países más calurosos que el nuestro no piensan en medidas como las que ha sacado Jesse del sombrero? ¿No será porque han invertido en mantenimiento para evitar colapsos como el que aquí nos amenaza?

Escuchemos a los técnicos, los que saben y durante años exigieron medidas preventivas que nunca fueron atendidas.

El ingeniero hidrometeorólogo Valdemar Andrade considera que la ola de calor se mantiene en rango habitual para esta época del año. Los niveles de los embalses están bajos pero no es grave. El Guri estuvo peor en 2000.

–Si el parque térmico estuviese en buenas condiciones cualquier situación climatológica como ésta sería resuelta con normalidad.

Abraham Salcedo, jefe del Departamento de Ingeniería Hidrometeorológica de la UCV, fue tajante:

–Sucede que el 40% del parque térmico está inoperativo por falta de mantenimiento

Lanzan pomposas misiones de precarios resultados. ¿Por qué no reconocen que han fallado y toman con seriedad el mantenimiento y planificación eléctrica? No son fuego fatuo ni luz de bengala, mucho menos de cara a las parlamentarias. Simplemente son imprescindibles e inaplazables aunque no eviten el voto castigo que la Venezuela de todas las banderías está por propinarles.

Cuando comprendan que la mentira siempre se descubre. Cuando se reconcilien con la verdad así sea dolorosa, aprenderán también que la oposición no va a voltear tortillas para que los perseguidos de hoy se conviertan en los perseguidores de mañana.

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