Opinión

DORA AMADOR: Racismo y violencia

Estudiantes universitarios y de escuela secundaria de Baltimore protestan el miércoles por la muerte del joven Freddie Gray.
Estudiantes universitarios y de escuela secundaria de Baltimore protestan el miércoles por la muerte del joven Freddie Gray. Getty Images

Caminando por una calle de Pinar del Río en 1998, mi familia, que me había llevado a pasear a pie por el pueblo, me enseñó la entrada de un túnel, y me dijo que así habían construido muchos en todo el país, por si llegaban “los americanos” el pueblo tener dónde refugiarse. Uno de mis primos dijo que los túneles eran para matar a todos los que metieran a la fuerza allí, de lo que se derivó una conversación muy triste acerca de los lugares de refugio que había en la provincia para proteger al pueblo cuando pasaban los ciclones, a lo que otro dijo: “Sí, en el que se quedan a vivir toda la vida, porque no pueden volver a sus casas que se las llevó el huracán, y el gobierno no hace nada”. Años después, recuerdo que Mons. José Siro González Bacallao, Obispo Emérito de Pinar del Río, me había contado lo horrorizado que había quedado al ver cuando viajó por toda la provincia a miles de pinareños viviendo en refugios después de ciclones. Un debate de la realidad nacional que me dolía.

Y de pronto me golpeó la frase que no esperaba, habiéndome criado en Estados Unidos y consciente de los avances de los derechos civiles, de la inmortal obra de Martin Luther King Jr., y de mi educación en cuanto a la democracia e historia de este país, el de Lincoln y Jefferson, Tony Morrison, Maya Angelou, Elizabeth Warren y Hillary Clinton.

“No quieras entrar a uno de esos refugios, porque la “negrá” no hay quien la aguante”. ¿Eso salía de la boca de un cubano, de un primo mío? “Negrá”.

No había vivido todavía el ciclón Katrina, en Nueva Orleans, cuyas imágenes son un hito en mi clase autodidacta de sociología. Aquella hermosa ciudad en la que había estado varias veces en sus bares nocturnos viendo de todo o casi de todo, en mi buena época de jazz, la comida típica, las conversaciones de sobremesas y licores nuevos. Qué juventud cubanoamericana la mía. Nueva Orleans, de pronto convertida en un mar asqueroso lleno de negros que no se sabía de dónde salían. ¿De dónde salían tantos negros sucios y pobres tratando de salvar sus pobres vidas? Eso no se había visto jamás en la televisión, de ahí el asombro nacional e internacional. Techos y árboles con negros gritando, casas flotando, negros y más negros caminando a duras penas por aquella inundación, llorando, las mujeres levantándose las sayas como para que no se mojaran. Viejas y viejos negros en chozas inundadas, con caras muy asustadas. Había que ver aquello.

Los motines de Baltimore son justificados. ¿Que roban? ¿Cómo no van a robar? Si a ellos les han robado la vida y se la siguen robando. ¿Que el racismo se expande? Claro, el hombre y la mujer que ocupan la Casa Blanca son negros y los racistas tienen que vengarse de alguna forma.

En una investigación exclusiva del New York Daily News publicada ayer, se informó que de 179 asesinatos cometidos por la policía en la ciudad de Nueva York en 15 años, solo tres casos dieron lugar a acusaciones y solo uno a condena, pero el asesino no fue a la cárcel.

¿Qué les parece el sistema judicial de nuestra nación? La mayoría de las víctimas, negros jóvenes, muchos desarmados. El último de los asesinatos ocurrió el mes pasado en un edificio de Brooklyn. La víctima, Akai Gurley, que subía la escalera con su mujer hacia su casa, donde vivían con su hija de dos años, iba desarmado. Cierto, Akai había sido acusado varias veces de tráfico de drogas, su única forma de ganar el sustento de su familia.

El nivel de desempleo de Baltimore es de 50%. La inequidad es monstruosa. ¿Se ha averiguado sobre los consumidores de drogas? ¿Quiénes son? Ellos mismos, que terminan en cárceles.

Pero en Wall Street la cocaína flota por las calles y edificios de la Bolsa. Los ejecutivos de corbata y trajes de miles de dólares, muy finos y muy blancos, la consumen a diario haciendo trizas la economía y convirtiendo esta “democracia” en su plutocracia. No quisiera que la furia justificada de Baltimore se extienda por otras ciudades. Pero si las cosas siguen así, así será. La lucha pacífica y la resistencia civil de King han llegado a su fin. La violencia de la negrada ha hecho su entrada.

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