ROBERTO CASIN: De la guerra y la paz
Los sondeos de opinión pública quizás se queden cortos a la hora de reconocer el gran mérito de la política exterior del presidente Barack Obama: darle un vuelco a la percepción que había en el mundo de Estados Unidos. El hombre se lo propuso y sin tacha lo ha conseguido. Visto desde cualquier otro continente, el país es solo ya un vago recuerdo de lo que era cuando él llegó a la Casa Blanca. Algunos números dan fe de la transformación. De acuerdo con la última consulta hecha por la firma Gallup —un gurú en estos menesteres— el 45 por ciento de los entrevistados en 134 países ven a Estados Unidos de manera más favorable que a otras potencias, como China (29) y Rusia (22).
En otras palabras, en muchos lugares donde a Estados Unidos se le miraba con encono como al chico grande, fuerte y bizarro del planeta, ahora se le contempla graciosamente como el aliado, el socio o el adversario bonachón. Lo que muchos se cuestionan, aquí en casa, es si ese cambio ha sido para bien o para mal. Y según la propia Gallup, a diferencia de lo que se piensa en el extranjero, solo el 37 por ciento de los estadounidenses están satisfechos con el papel que hoy juega su país en el mundo, cuando esa proporción era del 71 por ciento a principios de la década del 2000. Peor aún: de acuerdo con una encuesta de YouGov publicada hace un par de semanas por el Huffington Post, el 61 por ciento de nuestra gente considera que marchamos por el rumbo indebido.
Parte de la decepción con el gobierno en materia de política exterior —sin contar la flojera con Putin y el perdón concedido a los hermanos Castro— se debe a los acontecimientos en Irak, azotado por las hordas del Estado Islámico; la crisis en Siria y sus millones de refugiados; el caos en Yemen, donde contradictoriamente hace solo meses la Casa Blanca proclamó una campaña victoriosa contra los terroristas, y la debacle en Libia, con el país sin Gadafi pero bajo control de los yihadistas. En suma, el enemigo tiene ahora geografía, bandera y ejército, y según otra firma de sondeos, Rasmussen Reports, el 86 por ciento de los estadounidenses cree que los islamistas constituyen una amenaza real para EEUU, aunque el Presidente haya afirmado hace solo unos días que el mayor problema en este momento es el cambio climático.
A pesar de las constantes lisonjas de Obama al mundo musulmán, Rasmussen sostiene que más de la mitad de los estadounidenses dan por hecho que las relaciones con esos países son peores hoy que hace cinco años. Y el Centro de Investigaciones Pew lo confirma cuando asegura que desde 2009 la confianza en el presidente de EEUU en dos principales aliados en el área, Egipto y Jordania, se redujo aproximadamente a la mitad.
El Presidente redondeó en mayo de 2013 los fundamentos de su política exterior de “liderar desde atrás” —salvo sea el disparate— cuando proclamó que toda acción militar de EEUU en el extranjero lo único que había logrado era crearle más enemigos. De modo que donde antes dábamos batalla hoy asumimos pose de Capitán Araña. Una singular percepción de la guerra y la paz que en lugar de persuadir y aplacar al agresor lo que ha conseguido es envalentonarlo. Toda la intríngulis de la cuestión me la resumió el otro día el tío Lelito en pocas palabras y con la sabia voz de la calle. Y no pude rebatirle ni jota. “Con este Presidente —me dijo— nuestros amigos ya no confían en nosotros, y nuestros enemigos no nos temen. Nada, que estamos jodidos”.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de mayo de 2015, 0:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASIN: De la guerra y la paz."