Opinión

PEDRO CAVIEDES: Casos

Nueva York, 17 de julio del 2014, Eric Gardner es abordado por varios policías que lo acusan de vender ilegalmente cigarrillos. Después de discutir, uno de los policías lo agarra del cuello, y Gardner muere asfixiado en el piso. Ferguson, Missouri, 9 de agosto del 2014, un policía recibe una alerta sobre robo de cigarrillos en una tienda, se topa con el joven Chris Brown, y tras un enfrentamiento, el policía dispara hasta 18 veces, dando 6 veces en la humanidad del joven negro, que queda muerto, tendido en la calle. Cleveland, 22 de noviembre del 2014, un policía dispara en el estómago a Tamir Rice, un niño de 12 años que caminaba por un parque apuntando con una pistola de mentira. El video muestra como el agente se baja del carro y dispara de inmediato, al otro día muere el niño. Madison, Wisconsin, 6 de mayo del 2015, Tony Robinson, de 19 años, recibió tres balazos, uno en la cabeza, por un policía que fue alertado porque el joven había agredido a dos personas en una zona residencial. North Charleston, 4 de abril del 2015, Walter Scott, de 50 años, sale huyendo mientras un policía revisa sus datos en una patrulla; el policía lo persigue, pero como el hombre no se detiene, dispara hasta 8 veces, impactándolo 5.

Y el 19 de abril del 2015, en Baltimore, Freddie Gray, de 25 años, muere en custodia policial, mientras es trasladado en una furgoneta, después de una detención ilegal de la que hicieron parte seis policías. Cuando subió al vehículo estaba vivo; cuando bajó, tenía una lesión medular que lo mató una semana después. Yo le agregaría Trayvon Martin, adolescente de la Florida abordado por un vigilante nocturno, un hombre que no había pasado el examen para ingresar a la academia pero a quien sin embargo se le dejaba portar un arma, que lo mató y después fue declarado inocente.

La promesa de los Estados Unidos de Norteamérica, lo que diferencia a esta gran nación de tantos otros países en el mundo, es que aquí la ley (se supone) está por encima de todo. La ley es ciega y no tiene miramientos de raza, chequera, culto y religión, sexo y orientación sexual de las personas. Y los agentes que se encargan de hacerla cumplir en las calles, deben seguir una serie de procedimientos, que tampoco deben tener miramientos.

Pero no es solo que estos procedimientos no se cumplieron en los casos mencionados al principio de esta columna, es que en varios estamos hablando de asesinato a sangre fría. Asesinato. Las personas que deben prevenir el crimen cometiendo el peor de todos. Personas cuyo trabajo es velar por la seguridad de los ciudadanos, transgrediendo la seguridad de otros. 18 disparos hubo en uno de los casos. 8 en otro. No deberían disparar una sola, pero digamos que en el caso extremo, que aquí no se da, de que el policía se vea obligado a disparar a un sospechoso, ¿cuántas veces tendría que hacerlo? Y qué decir de Eric Gardner, quien prácticamente es ahorcado por el brazo de un policía en la mitad de la calle.

¿Por qué esto no ha despertado el interés de la nación más allá del tema de los conflictos raciales? Es la policía de los Estados Unidos. Los que portan las armas. Una de las instituciones más admiradas en el mundo. Y sé que son más los que merecen todo el respeto que los que no. Pero los otros, ¿dónde están aprendiendo? ¿Cómo es que actúan como pandilleros? ¿Cómo es que se comportan como criminales? ¿Cómo es que permitimos que este fascismo habite en el país que liberó al mundo de esa peste?

Ahora pasó con personas de la raza negra. Pero después pueden ser los árabes. O los latinos. O los homosexuales. O las mujeres. O cualquiera que vean diferentes, un grupo que no acepta las diferencias.

Esto tiene que parar.

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