Opinión

MARÍA CLARA OSPINA: Falta liderazgo

Ferguson, Nueva York, Baltimore, todas estas ciudades han presenciado la brutalidad de una policía que parece, abusiva, irresponsable y desbordada en el uso de la fuerza, en especial en contra de los ciudadanos negros.

Hoy en todo Estados Unidos, se cuestiona lo que viene ocurriendo de tiempo atrás, mucho antes de que surgieran los videos de los arrestos y muertes de detenidos afroamericanos sin aparente razón.

La mayoría repudia el aparente ensañamiento de la policía contra un sector de la población. Se comienza a pensar que es una situación crónica que la policía es incapaz de controlar en el seno de sus distritos. ¿Es, acaso, que estos “guardianes de la ley” no oyen o no quiere oír el clamor creciente y cada vez más iracundo de un inmenso sector de la ciudadanía?

La percepción de que la policía se ha convertido en una fuerza incapaz de medir sus acciones y la consecuencia de estas en sus comunidades se esparce como el fuego por el país y amenaza con incendiarlo.

Esta afirmación no es exagerada. La comunidad afroamericana está enfurecida, lo mismo otras comunidades minoritarias y una alta proporción de la población.

¿Qué ha pasado con la fuerza policial en los últimos años? ¿En qué momento su buena imagen se deterioró hasta el punto de hoy estar altamente cuestionada?

En general, en Estados Unidos, la policía ha sido respetada, aun admirada. Recordemos su actitud durante los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York. Esta fuerza se distinguió por su valor y sacrificio; sus miembros han sido múltiples veces honrados por la ciudad.

¿Acaso hoy la policía mejor armada del mundo se siente superior a los ciudadanos que debe proteger? ¿Acaso el deseo de usar sus armas de última tecnología o el poder que su entrenamiento les concede cegó a los policías actores de estos crímenes? Quizá la policía tiene un exceso de autoridad. Esto es algo que parece evidente, no solo en los casos conocidos, sino en pequeños casos que todos venimos oyendo de tiempo atrás.

Pero las preguntas más duras que cada uno de los ciudadanos estadounidenses debe hacerse son: ¿puede vivir en paz un país de inmigrantes de diferentes razas? ¿Pueden obviar el color de su piel o su procedencia? ¿Pueden perdonar el pasado? Porque mientras los afroamericanos no perdonen las décadas de esclavitud y vejaciones sufridas a manos de los blancos y los blancos no se reconcilien con ese pasado, el futuro se ve incierto y la hoguera del odio racial continuará avivándose.

Quizá todo lo hecho para unificar al país y pasar la página ha sido poco. Lo cierto es que hoy unos pocos policías, insensatos e irresponsables, hace quedar mal a la gran mayoría de ellos que ponen sus vidas a diario en defensa de la ciudadanía y enfrentan a la población.

Es muy notoria la falta de liderazgo del presidente Obama, de los jefes demócratas y republicanos, de las iglesias y universidades. Todos han llamado a la sensatez, tanto de la policía como de las comunidades enfurecidas, pero nadie parece escucharlos. Se requiere voluntad, sabiduría y liderazgo para apagar este polvorín.

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