Opinión

EN NUESTRA OPINION: Un legado bochornoso en Sweetwater

Al declararse culpable el miércoles pasado de un cargo de conspiración para cometer cohecho, Manny Maroño, ex alcalde de Sweetwater, puso fin a un capítulo del drama de sobornos, intrigas y manejos turbios en la pequeña pero influyente ciudad del oeste del condado Miami-Dade.

Maroño, quien fue el único republicano en respaldar al gobernador Rick Scott cuando se impuso en la campaña del 2010, cayó junto al cabildero Jorge Forte en una operación encubierta del FBI cuyo propósito era determinar qué políticos de Miami-Dade morderían el anzuelo y aceptarían sobornos falsos, supuestamente procedentes de fondos del gobierno federal. Maroño cayó en la trampa. Lo hizo, según sus propias palabras, para su “beneficio personal”.

Ahora, en un juicio señalado para el próximo 23 de enero, Maroño podría ser sentenciado a hasta cinco años de cárcel. Triste final de carrera para un político entre cuyos logros se encuentra haber logrado extender las fronteras de Sweetwater para abarcar el próspero Dolphin Mall, meca de compradores no solo del Sur de la Florida, sino también de América Latina.

La caja de Pandora que abrió el FBI con su operación encubierta no se limita a Sweetwater. El mismo día que Maroño fue arrestado, también detenían a Michael Pizzi, ex alcalde de Miami Lakes. Un escándalo y una vergüenza para el Sur de la Florida, a cuyas dudosas distinciones como capital del fraude al Medicare y del fraude hipotecario del país se suma la condición de favorable caldo de cultivo para la corrupción.

Y eso no es todo. Las autoridades federales todavía investigan las conexiones del ex alcalde Maroño y otros funcionarios del municipio con por lo menos una compañía de grúas que remolcaba los automóviles confiscados de personas arrestadas por diversos delitos. ¿Qué saldrá de todo esto? Todavía no se sabe con certeza, pero le recomendamos que no se pierda el próximo capítulo de esta serie bochornosa.

Una reflexión final: el impacto en la sociedad es una de las peores consecuencias de este tipo de escándalos en torno a fraudes. No es solo el perjuicio financiero causado por algunos políticos que, pensando en su beneficio personal, meten la mano en las arcas públicas, sino también el efecto moral que esa acción ilegal y egoísta causa en la gente. Cuando la ciudadanía pierde la confianza en los políticos que la dirigen, el daño puede tener consecuencias impredecibles. El buen funcionamiento de una sociedad democrática no puede basarse en un credo de cinismo. Si se cree que la corrupción entre los políticos es un mal endémico, naufraga la confianza en el sistema. Ese es el legado que nos deja Manny Maroño.

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