Opinión

MANUEL CORAO: Felipe González “papa caliente” para Maduro

El ex militante del Partido Comunista Obrero Español, quien a la poster llegase a ser su Secretario General, arriba a la tierra natal proveniente del exilio de la mano del gobernante venezolano Carlos Andrés Pérez, quien meses antes logra la presidencia de la república con un resonante triunfo.

Para ese momento, en la época de los setenta, Pérez Rodríguez gozaba del reconocimiento y benevolencia de las nacientes autoridades de la época post Franco y el renacimiento de las libertades republicanas con el gobernante Adolfo Suárez quien asumió –bajo la hegemonía del Rey Juan Carlos I de Borbón– la transición hacia la era democrática.

Felipe González ocupa la Secretaría del PCOP y consigue desincorporar la nominación comunista por el término socialista. De ahí en adelante avanza el Partido Socialista Obrero Español, con González a la cabeza, hacia una certera conquista del gobierno por la vía de los votos.

Se mantuvo en el poder desde 1982 hasta 1996 cuando pierde, por voluntad popular, el mandato conferido años antes.

Respetado por sus homólogos se convierte en un exponente y analista de postín en formaciones regionales, centros de intercambio y universidades.

Quien para muchos fue una suerte de “Robin Hood’ inglés o “Enfant terrible” galo, es ícono de la izquierda mundial lo cual le ubica como porta-estandarte dentro de cualquiera de sus tendencias –incluyendo la radical cubana– como observamos por igual la Internacional Socialista de obligatoria revelación electoral con la presencia de cuerpos extra territorio durante el acto y escrutinio de ley.

Este protagonista de lo cotidiano ante la detención de los alcaldes venezolanos Leopoldo López, Antonio Ledezma y otros presos políticos, decide con renovados bríos exigir justicia para todos. Su observación como profesional de las leyes ante la ausencia de estado de derecho ya es una clarinada para abogados y jueces.

No satisfecho con ello y su reflejo, declara se incorpora a la barra del juzgado con conocimientos de tales expedientes para demandar justicia. Tal gesto es recibido con beneplacito por la sociedad civil, ponentes de la defensa y familiares. González una vez más asume en la tierra de Bolívar, que en su momento le sirviera de cobijo durante la diáspora, una renovada misión por la libertad.

Esta iniciativa fue respaldada por el Club de Madrid, el cual reúne a ex jefes de regímenes democráticos.

Tal empuje tiene su máxima manifestación en la Cumbre de Presidentes realizada en Panamá recientemente y en la cual presentaron un documento signado por veinte jerarcas.

La secuela ha puesto aún mas en entredicho al gobierno venezolano y sus asesores e ideólogos, los hermanos Castro Ruz.

La ministro de Relaciones Exteriores, Deicy Rodríguez, expresó que carece de méritos profesionales para ejercer en Venezuela. A medida que avanzan los días y manteniendo el abogado castellano su decisión, funcionarios recomiendan no darle el visto a su ingreso al país.

Podemos observar como crece la moción a favor de los retenidos y su mayor indicación es el destemplado verbo con el que se refiere Maduro al defensor cuando lo califica como delincuente y asociado con un grupo de opositores que buscan sacarlo del poder.

En esta ocurrencia, Cynthia Arnson, directora de Woodrow Wilson International Center for Scholars, expresa al medio impreso SEMANA “Felipe González es una figura clave de la izquierda democrática con reconocimiento mundial. Y que Maduro llame a González golpista muestra su propio aislamiento y radicalismo. El sistema de justicia venezolano se ha vuelto altamente politizado, y tal vez sea incapaz de ser imparcial. Pero tener un defensor como Felipe González asegura que la mirada del mundo estará puesta sobre cualquier eventual juicio”.

Con grotescas y destempladas calificaciones nada ganará Maduro en una crisis en la cual, ante González, todo el poder del Caribe ya perdió la batalla de la opinión publica y en legítima defensa, la conducta pública de Maduro Moros –quien con sus actos evidencia la inocencia de los encarcelados.

Buen ojo el de Felipe González al reverdecer su lucha por los desposeídos los cuales, en su momento, observaron los seres libres ese clamor por veredas de Europa y la América de todos.

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