Opinión

ALEJANDRO A. TAGLIAVINI: Un sano debate

Son seis los aspirantes que buscan la nominación del Partido Republicano para las presidenciales de 2016. El doctor retirado y afroamericano Ben Carson; la ex presidenta de Hewlett-Packard, Carly Fiorina; el senador por Florida, Marco Rubio; el senador por Kentucky, Rand Paul; el senador por Texas, Ted Cruz, y el ex gobernador de Arkansas, Mike Huckabee. Fiorina es la segunda mujer después de la aspirante demócrata Hillary Clinton, a quien admira, pero "no es de fiar" –vamos, como cualquier político– según dijo mientras recordaba las sombras que acompañan a la ex secretaria de Estado como el atentado en Bengasi y las donaciones a la Fundación Clinton.

Carson ha ganado protagonismo público por su reacción frente a los sucesos de Baltimore (Maryland) tras el último caso de brutalidad policial contra un joven negro, Freddy Gray. “Si no te manifestarías contra un mal plomero, tampoco deberías hacerlo contra un mal policía”, aconsejó. El hecho es que Baltimore acelera el debate sobre la represión policial y el sistema carcelario.

Corrían los años del crimen rampante en las calles de EEUU, y las políticas de “tolerancia cero” que permitían a la policía detener a un ciudadano por infracciones mínimas. El crimen bajó gracias a la bonanza económica –el descenso del desempleo y la pobreza– pero los propagandistas del estatismo lo atribuyeron a la política estatal de “tolerancia cero”. Las prisiones se llenaron, irónicamente con personas que cometieron “delitos” inventados por el Estado como tráfico de drogas, evasión impositiva y algunos delitos contra natura como homicidio y robo pero, en gran parte, directa o indirectamente relacionados con los anteriores.

Ahora, las políticas de mano dura están bajo revisión. Los casos de abusos policiales en Ferguson, el año pasado, y Baltimore hace unos días aceleran el debate. El tema ahora es reducir la población carcelaria, que se ha cuadruplicado en los últimos 35 años, y redefinir los métodos policiales intentando terminar con la policía como “ejército de ocupación”, según la definición de Orlando Patterson. Existe una coalición transversal, de demócratas y republicanos, en favor del cambio.

Años atrás era impensable que desde la derecha dijeran que las prisiones están “llenas de hombres y mujeres negros que cumplen sentencias largas y duras por errores no violentos”, como dijo Rand Paul. Estados conservadores como Texas han iniciado una campaña por vaciar las prisiones que cuestan millones a los contribuyentes empobreciéndolos creando, irónicamente, el caldo de cultivo para el delito cuando la eficacia a la hora de rehabilitar a los internos está en duda. Terminó la era “de la ley y el orden”, cuando los políticos competían por quién endurecía más las penas y contrataba más policías.

Era de encarcelamiento masivo que comenzó a finales de los sesenta, cuando el gobierno de EEUU inició una de las guerras más atroces como es la “guerra contra las drogas” que lleva más muertos que la de Vietnam. EEUU tiene el 5% de la población mundial pero el 25% de la población carcelaria. De los 2.3 millones de personas en prisión, un millón son negros: cerca del 40% para una minoría que representa el 13% de la población. Y son negras el 30% de víctimas de disparos de la policía. Sencillamente porque el sistema estatista, de suyo corrupto, permite que con dinero sea más fácil evitar una condena.

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

Siga a Alejandro A. Tagliavini en Twitter en: @alextagliavini

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