Opinión

La mayor acción contra la revolución

La joven Arleti Belet espera la llegada de clientes en su puesto de sándwiches en La Habana, el pasado diciembre.
La joven Arleti Belet espera la llegada de clientes en su puesto de sándwiches en La Habana, el pasado diciembre. AP

¿Por qué la Cuba anterior a 1959 era un país que se presentaba económicamente de manera aceptada y circulando en rápidas vías de desarrollo y con deslumbrantes ciudades? Porque permitía y estimulaba las iniciativas privadas de sus ciudadanos y extranjeros. Un país como el nuestro que prohíbe los talentos, bríos y sueños de sus hijos es un país estancado por decreto oficial.

Este más de medio siglo cubano es un testimonio. Haber matado y prohibido hasta hoy el surgimiento y desarrollo de la sociedad civil cubana es la mayor acción contrarrevolucionaria que ha tenido lugar en Cuba.

No avanza igual un pueblo que depende de lo que generen burócratas oficiales que viven de sus asegurados salarios, que los que cuentan con sólidas sociedades civiles. La vida ha demostrado que la iniciativa privada es la mayor fuerza para hacer avanzar a los países económicamente. El ciudadano privado muestra más amor a la inversión que realiza o atiende que el funcionario porque en ello va su sudor, su sacrificio y futuro. El negociante y financiero privado para que su inversión prospere se acerca más a las necesidades y problemas de la ciudadanía. Es un círculo positivo donde todos ganan.

Entre los países desarrollados y los subdesarrollados hay una diferencia y es que los gobiernos se ocupan de asegurar y cuidar que las obras y productos se hagan con calidad y de recolectar impuestos para que toda la sociedad sea parte del mantenimiento de una eficaz infraestructura del país, salud, educación pública y seguridad social, pero la diferencia –la más importante– radica en que considera a sus ciudadanos el motor del desarrollo y no prohíbe como hace Cuba tener iniciativas e importantes negocios para mejorar su status personal y el de la sociedad.

El gobierno cubano por diferentes razones –sobre todo por estar vivos los máximos responsables– no reconoce y admite la verdad del fracaso económico del país a partir de la llamada “ofensiva revolucionaria” donde no dejó con vida ningún negocio privado y convirtió a Cuba en un cementerio de iniciativas, con una sola cabeza pensando y decidiendo donde se pone un bombillo, donde se vende una croqueta, se siembra una mata de mango, o se pone un taller de arreglar ventiladores. Cuba viajó para atrás hacia el feudalismo. El crimen nacional ha sido ejecutado por la dirección histórica del país y todavía hoy tienen miedo a reconocer su error y quitar “las trancas” que cierran los caminos cubanos.

En estos momentos solo han dado un pequeño soplo para realizar trabajos y ventas no oficiales y ha sido tan fuerte el diluvio de evidencias positivas por ese paso que el propio ministro de economía, Marino Murillo, no ha podido ocultar esa verdad y expresar: “las unidades que hasta el momento se han incorporado a las formas no estatales de gestión han obtenido resultados favorables; los trabajadores incrementaron sus ingresos; se han reanimado los locales; se ampliaron los horarios de servicios, al tiempo que se han acrecentado los precios de venta a la población, en correspondencia con el aumento de la calidad y variedad de las ofertas”.

El gobierno cubano debe ser valiente para enfrentar la verdad y dejar de jugar con palabras escogidas para justificar los errores y seguir con el bloqueo del Estado para los nacionales. La última prueba es la ley de Inversión Extranjera que solo el apellido de extranjera es una irrefutable prueba de discriminación con los que nacieron en el país.

  Comentarios