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Opinión

SERGIO MUÑOZ BATA: De la conmemoración a la simulación

En principio, no es de extrañar que mientras Vladimir Putin celebraba el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa con un impresionante desfile militar en Moscú, en Alemania la conmemoración fue una reflexión autocrítica de la historia. Pero el contraste entre ambas conmemoraciones va mucho más allá de la distinción entre perdedores y ganadores de una guerra, porque las dos remembranzas no solo examinan el pasado sino que ofrecen dos visiones muy distintas de sus futuros.

Mientras el despliegue militarista en Moscú delata la vana nostalgia de Putin por reconstruir un imperio interviniendo en otros países, en Berlín, el reconocimiento de la culpa nacional posibilita la reconciliación de Alemania con sus vecinos y avala su pertenencia en el mundo civilizado. Moscú apuesta por un regreso al caudillismo avasallador del siglo XX y Berlín por la democracia y el respeto a los derechos humanos.

Con la anexión de Crimea a Rusia, Putin ha propiciado que el merecido homenaje al valor de los rusos, civiles y soldados, haya resultado deslucido. En vez de Barack Obama estuvo el líder chino Xi Jinping; el sustituto de la política más poderosa del mundo Angela Merkel fue el dictador cubano Raúl Castro y al aspirante a dictador Nicolás Maduro le tocó sentarse en el lugar del primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron. En vez del presidente de Francia, Francois Hollande, estuvo en la celebración el dictador de Zimbabwe, Robert Mugabe.

Para la historiadora rusa Irina Scherbakova el desfile militar evidencia cómo “las autoridades rusas han reemplazado la memoria “horrible y real” de la Segunda Guerra Mundial por una demostración de fuerza militar y una manipulación propagandística para justificar su política hacia Ucrania”.

Pero Rusia no es el único país que ha optado por la simulación en vez de enfrentar su pasado con valentía y honradez. Hace menos de un mes, Italia celebró el 70 aniversario de la resistencia contra los nazis condecorando a un puñado de partisanos que participaron en la lucha contra Benito Mussolini. Nada se dijo de su pasado fascista porque terminada la segunda Guerra Mundial, los italianos se autoabsolvieron declarándose víctimas. Negando su documentada devoción al Duce, Italia intenta evadir su responsabilidad histórica y evitar la rendición de cuentas con el pasado nacional.

En España también se ha evitado recordar el alineamiento del dictador Francisco Franco con Adolf Hitler y el más lúcido testimonio de la alianza sigue siendo la magistral Guernica de Pablo Picasso. La guerra civil y el carácter fascista de la dictadura franquista no son temas que se tratan a fondo en España ni en los libros de texto en la escuela ni en los museos ni en las Cortes Generales.

En la reciente conmemoración de la liberación del campo de concentración nazi en Mauthausen, Austria, donde fallecieron casi cinco mil de los más de siete mil soldados republicanos deportados, la gran sorpresa fue la presencia del ministro José Manuel García-Margallo en representación del gobierno del Partido Popular. Y fue sorpresa porque la derecha, la jerarquía eclesiástica española y el Partido Popular se han negado sistemáticamente a reconocer jurídicamente a los españoles republicanos deportados a campos de concentración nazis.

“Un país,” dice el escritor español Javier Cercas, “debe tener un acuerdo básico sobre su pasado. Gran Bretaña lo tiene, Alemania lo tiene. Todas las democracias fuertes lo tienen pero España no”. Y esto es así porque los españoles no rompieron con la dictadura. A la fecha, seis de cada diez españoles piensa que el franquismo tuvo cosas buenas y malas. Y la mayoría sigue pensando que es mejor mantener el “Pacto del Olvido” forjado tras la muerte de Franco en 1975 que hurgar en un pasado que abriría viejas heridas.

En un memorable artículo publicado en El País en 1997, el catedrático español Marc Carrillo escribió: “El olvido o la ignorancia devalúan la identidad del Estado democrático, cuya legitimidad se fundamenta en la asunción de la propia historia y también de la memoria de quienes lucharon por las libertades”.

El pasado permanece en el presente y su peso nos obliga a respetar la inviolabilidad de cada ser humano. Hoy, a 70 años de la rendición incondicional de los nazis, Alemania sigue dando cátedra al mundo de cómo enfrentar su pasado.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de mayo de 2015, 1:33 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: De la conmemoración a la simulación."

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