Opinión

PEDRO CAVIEDES: Lo que se esconde tras el odio

Integrantes de una milicia chiita iraquí llegan a un retén en el norte de Irak, el pasado 9 de septiembre, para hacer frente al Estado Islámico.
Integrantes de una milicia chiita iraquí llegan a un retén en el norte de Irak, el pasado 9 de septiembre, para hacer frente al Estado Islámico. EFE

Hace ya 13 años que el mundo fue sorprendido con la imagen de las Torres Gemelas en llamas. Hasta entonces se pensaba que era prácticamente imposible que se diese un ataque en territorio continental de los Estados Unidos.

Todos teníamos la falsa creencia en un ideal defensivo que ante cualquier tipo de alerta sería capaz de reaccionar en segundos, y cortar la amenaza de raíz. El caos provocado por los aviones colisionados, más la imposibilidad de saber cuál de los que estaba en el cielo seguía siendo una amenaza después de los primeros ataques, dejó en evidencia una realidad que puso nervioso a medio mundo: ningún país, ni siquiera el más poderoso del planeta, es infalible.

Y mucho menos lo son ante la amenaza del terror. Lo que en alguna época desearon sin éxito poderosísimas naciones, un grupo relativamente pequeño lo hizo con pocos recursos, comparados con los del gasto militar de cualquier país. La consternación al ver aquella tragedia infligida a tantos inocentes fue insoportable. Todavía impresionan esas imágenes después de haberlas visto centenares de veces en cada aniversario, en documentales, en los noticieros.

Ahora, 13 años después observamos el nacimiento de otro grupo, el autodenominado Estado Islámico, dispuesto a lograr sus metas imponiendo el terror. Otro grupo que declara como su enemigo a Occidente y de este Occidente, resalta a los Estados Unidos. Y una vez más los Estados Unidos tiene que intervenir ante una amenaza latente a su seguridad y la de sus aliados.

Por la historia de guerras e intervenciones en que ha participado, desde aciertos como cuando salvaron al mundo de la amenaza nazi o la contención del expansionismo de la URSS, como desaciertos del tipo de la invasión a Irak, es imposible que no haya generado algún tipo de odio en su contra. Que ese odio en algún caso sea justificado o no, no es el asunto al que me quiero referir en esta columna. Y en todo caso nunca habrá justificación para el terror, para la matanza de inocentes, para el asesinato público de personas desarmadas.

Por lo que me quiero preguntar hoy es por ese otro odio que se refiere a las libertades de las que gozan los ciudadanos de este país. Ese otro odio que se da simple y llanamente por el sistema económico que representa. Y me imagino que hasta por su éxito. Es un odio que vemos no solo en los yihadistas, sino hasta en presidentes de otras naciones, que no tienen ningún reparo en acusar a EEUU de imperialismo, mientras le estrechan la mano a un Putin que acaba de ordenar la invasión de Crimea.

¿No será que es ese un odio causado por la envidia? Envidia de un país que logra mantener un orden gracias a la ley, mientras sus ciudadanos gozan la garantía de la libertad y el libre pensamiento. Envidia de un país que acoge sin reservas a los perseguidos del mundo y les entrega los medios para desarrollarse. Envidia de un país que en su historia ha sabido aprovechar lo mejor de sus ciudadanos y residentes, dándoles así medios de subsistencia transparentes, mientras en muchas ocasiones se convierten en personajes que se cuentan entre los mejores ejerciendo su profesión en el mundo. De un país que lidera la innovación en todos los campos. De un país que les garantiza la educación y (ahora) la salud a todos sus ciudadanos. De un país que permite abiertamente la crítica, sin encerrar a nadie en una cárcel por estar en desacuerdo.

Europa, Estados Unidos, lo que llaman Occidente, debe velar porque esa civilización que se ha fundado desde aquella Grecia que hoy sufre como ninguna otra nación los estragos de la crisis, siga perfeccionando su democracia, en lugar de querer encerrarse por una coyuntura que al mirar las hojas de la historia, no es más que una pequeña coma, en comparación con los capítulos que han escrito en nombre de la esperanza y la libertad.

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