Opinión

El día que el mundo se hizo más pequeño

Desde hace varios años, nos hemos adaptado a tener acceso a noticias y a gran parte de los acontecimientos más importantes del mundo entero durante las 24 horas del día y los siete días de la semana. El que quiere ver noticias hoy día, puede cansarse viéndolas a todas horas y en varios canales televisivos y por internet. Y no cabe duda que cada día existe un aumento en la inmediatez con la que recibimos la información noticiosa. Pocas veces se siente esa rapidez de las noticias como cuando ocurre una tragedia que nos impacta a todos. Creo que el mundo se hace más pequeño cuando estas tragedias ocurren; por lo menos eso fue lo que yo sentí aquel primer 9/11.

El día 11 de septiembre del 2001 fue un día que cambió nuestra forma de ver al mundo y quizás también nuestra forma de vernos nosotros mismos. Para los que vivimos en los Estados Unidos de América nos parecía imposible que un grupo de terroristas fueran capaces de atacar a este país, matar a miles de inocentes y destruir dos torres tan increíblemente grandes como aquellas antiguas “torres gemelas” en la ciudad de Nueva York. Aun parece algo imposible de creer.

Estoy convencido que aquel día el mundo se hizo más pequeño, porque de una forma misteriosa el sufrimiento humano y las tragedias inexplicables tienen la tendencia a volvernos personas más sensibles y preocupados por los demás —capaces de sentir más allá de nosotros mismos y sin importar las distancias. Cuando vemos a un niño que sufre de hambre, aunque viva en otro continente lejano, nos conectamos con ese dolor y vemos en sus ojos algo que nos toca el corazón y nos hace sentir el deseo de hacer algo para aliviar ese sufrimiento. Las tragedias, normalmente, tienen ese efecto en todos nosotros.

En estos últimos días, nos informaron que de nuevo Estados Unidos estará luchando contra un grupo terrorista que está estableciéndose con fuerza en el Medio Oriente, pero que uno de sus objetivos es hacer daño a norteamericanos, y que de hecho ya ha participado en decapitar a dos jóvenes periodistas haciendo alarde de los hechos propagando videos de dichos actos. Cuando estas cosas horribles ocurren, nos damos cuenta que el mundo se está haciendo cada día más pequeño.

Más allá de nuestras posiciones políticas —o que si estamos a favor o en contra de las decisiones del gobernante actual— me parece que cada ser humano tiene que estar consciente de lo pequeño que es el mundo y nunca dejar que el volumen de noticias, nuestro acceso inmediato a tantas de ellas y tantas cosas horribles que escuchamos a diario nos vuelvan menos sensibles a la realidad que vivimos en un mundo en el cual todos estamos realmente conectados. Pero no olvidemos que mientras más tecnología tenemos y consumimos, más conocemos sobre nuestras diferencias y sobre todo lo que nos pudiera unir. El momento actual requiere mucho entendimiento, diálogo y búsqueda de nuevas formas para poner hacia un lado la venganza y el resentimiento y buscar caminos de paz.

Oremos por este mundo complejo pero realmente pequeño y pidámosle a Dios — que siempre es grande y ve las cosas desde una óptica muy diferente a la nuestra — que nos ayude a construir un mundo de paz, de concordia y de mayor entendimiento. Que algún día reine la paz en esta tierra.

Sacerdote Episcopal/Anglicano en la Diócesis del Sureste de la Florida y Rector de la iglesia de St. Benedict en Plantation, FL www.saintbenedicts.org Twitter: @padrealberto

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