Opinión

¿Será López Obrador otro Hugo Chávez?

El candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, del partido MORENA, saluda al público en un acto de su campaña en Ciudad de México, el 20 de abril.
El candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, del partido MORENA, saluda al público en un acto de su campaña en Ciudad de México, el 20 de abril. AP

De acuerdo con la última predicción del periódico El País de España del 20 de abril de 2018, el líder del partido Morena y candidato de la coalición izquierdista “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, tiene un 85% de probabilidades de salir electo en las próximas elecciones mexicanas a realizarse el 1 de julio de 2018.

Tal vez por el desastroso gobierno de Peña Nieto, enmarcado por la corrupción y la inseguridad generalizada, la generación del milenio se siente identificada en un 40% con López Obrador porque representa algo distinto y novedoso, y esto es una propuesta que los atrae. Y con objeto de favorecer a su campaña política, los milenios suelen utilizar las redes sociales para divulgar su mensaje. Esto es importante ya que de los 70 millones de usuarios de Internet en México, el 36% tiene entre 18 y 34 años, según la Asociación de Internet.mx.

En la práctica sucede que los partidos políticos tradicionales no han logrado conectarse con la juventud y los votantes primerizos suelen ser idealistas aunque después de su voto inicial, por regla general, el 50% de ellos se sienten engañados y como reacción se abstienen de votar por los próximos 20 años (Instituto Nacional Electoral de México, INE).

El problema principal es que para muchos AMLO pudiera convertirse en otro “Comandante Chávez” al más puro estilo venezolano fundamentado en la ideología comunista cubana. Sin duda, esto traería consecuencias funestas tanto para México como para EEUU.

La consecuencia interna más evidente es el temor empresarial por las acciones que pueda tomar AMLO, como sería expropiar casas y empresas. Al menos, hasta el presente, AMLO ha prometido suspender la construcción del nuevo aeropuerto Internacional de Ciudad de México, un proyecto estimado en $11,000 millones. Desde luego, esto ha hecho sonar la alarma de los inversionistas.

También, desde el punto de vista político, se especula que AMLO pudiera establecer una especie de Asamblea Constituyente al estilo venezolano con objeto de perpetuarse en el poder, algo que lograría fácilmente si tiene mayoría abrumadora en el Congreso.

Bajo la óptica religiosa se comenta que AMLO tal vez pudiera contemplar el control del culto católico y el horario de las iglesias.

Ante estas sospechas AMLO asegura que todo se trata de una guerra sucia, tal como aconteció en las elecciones presidenciales de 2006, cuando lo acusaron por los medios de ser “un peligro para México”.

Con respecto a EEUU y el tratado comercial entre este, México y Canadá (NAFTA), AMLO ha declarado que respetará los convenios firmados hasta el presente pero que “estará atento a los detalles”. Sin embargo, durante su reciente participación en la 101 Asamblea General de Socios de American Chamber México, dijo que “el trato del gobierno estadounidense es discriminatorio y esta relación debe basarse en el respeto mutuo”. También agregó que los salarios entre los países miembros del NAFTA deben igualarse ya que “no es posible que un trabajador en México gane 10 veces menos”.

Como vemos esta retórica de AMLO en nada favorece las buenas relaciones EEUU-México, por el contrario ponen en peligro el tratado de libre comercio. Y esto es contraproducente para ambos países. Si el NAFTA se paraliza, los productos agrícolas se encarecerían en EEUU. También los automóviles aumentarían de precio por las partes automotrices mexicanas. Adicionalmente, muchos empresarios norteamericanos con sucursales mexicanas verían perjudicados sus negocios.

México por su parte perdería su mayor mercado de exportación. Esto elevaría su nivel de desempleo y dañaría seriamente su balanza comercial con EEUU.

Evidentemente, de salirse EEUU del NAFTA, dejaría las puertas abiertas a México a través del Acuerdo Transpacífico (TPP), del cual EEUU se retiró a principios de la presidencia de Trump.

Referente al Muro, hay mucha tela por donde cortar. AMLO pudiera exacerbar el patriotismo Mexicano y lanzar una estampida inmigratoria con consignas tales como “todos contra el Muro”. Pudieran ingresar una oleada de Inmigrantes furiosos por el desagravio. Y contenerlos no sería fácil. Sin duda, esta es otra razón por la que el muro es totalmente ilógico en cuanto a sus objetivos, ya que no cumple ninguno.

Es así como arribamos a una situación similar a la de Hugo Chávez cuando se postula a la presidencia de Venezuela en 1998. Aun a pesar de temores empresariales y políticos, se impusieron las entrevistas de Chávez por los medios donde afirmaba que respetaría la democracia. Ante tales argumentos, los círculos políticos, económicos y sociales del país le dieron el beneficio de la duda y apoyaron su candidatura.

Vemos hoy los resultados: expropiaciones, delincuencia desatada, hiperinflación y una miseria espantosa azotan a Venezuela.

¿Sucederá lo mismo en México? ¿Debemos otorgarle el beneficio de la duda a AMLO?

A esta alturas, ya deberíamos haber aprendido la lección.

Economista y periodista.

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