PEDRO CAVIEDES: Cánceres
Como en los mejores dramas de la literatura universal esta semana se enfrentaron en Colombia dos posiciones en las que es muy compuesto digerir cuál de las dos lleva la batuta de la razón. Me refiero a las fumigaciones con glifosato, que se utilizan para erradicar los cultivos de, sobre todo, coca en el país. La Organización Mundial de la Salud declaró hace unos días que ésta es una sustancia que puede causar cáncer en los humanos. Eso, a las personas; en cuanto al medio ambiente, pueden pasar largos años antes de que las tierras rociadas vuelvan a ser cultivables.
Por otro lado se encuentra el otro cáncer que ha consumido hace décadas a la sociedad colombiana, y a gran parte de la latinoamericana, y que ha encontrado en el glifosato una de sus formas de combatirlo desde la raíz. Me refiero por supuesto al narcotráfico.
Aunque soplen pequeñas ventiscas de legalización en los últimos años, y más allá de si se está de acuerdo con ésta o no, pienso que todavía estamos muy lejos de que las autoridades descriminalicen la venta y producción de cocaína, más cuando, lo que se está dando ahora es una lenta legalización de la producción y consumo de marihuana, que por cierto se cultiva ahora en los Estados Unidos, en algunas partes del mundo; una sustancia mucho menos dañina que la cocaína, y cuyos efectos no representan un peligro para las personas que rodean a quienes se encuentran bajo su influencia.
Pero mientras la venta, exportación y producción de cocaína sea ilegal, a los gobiernos de los países que la producen, por más que sea injusto, no les queda otro remedio que combatir el narcotráfico, para evitar que dichas naciones se conviertan, gracias a las ingentes sumas de dinero que ese negocio genera, en narcoestados dirigidos por unos políticos que no son más que marionetas de los capos de la droga, cuyos tentáculos en muchos casos penetran todas las ramas del poder incluida la justicia, y las sociedades, y la empresa privada.
En Colombia, según cifras del gobierno de los Estados Unidos, los cultivos de coca aumentaron un 39% del 2013 al 2014, y gran parte de este aumento se dio en los lugares en los que por una u otra razón, se decidió no fumigar con glifosato. Ahora bien, el glifosato es una sustancia cuya utilización está prohibida en los Estados Unidos, y sin embargo el gobierno de este país insiste en que sí se utilice en otros, perjudicando el medio ambiente y las personas que viven cerca de las áreas donde se fumiga, por culpa del vicio que sostiene el negocio, en la misma sociedad que exige su uso al país que la produce.
Yo no tengo una respuesta para lo que debe hacerse hoy sobre dicho problema. Tengo claro que no quiero volver a los oscuros años de los carteles, a esa época terrible en la que ejércitos de matones en las ciudades y en el campo imponían su ley de sangre a todo el que se interpusiera en su camino. No quiero esa época maldita en que unos tipejos armados hasta los dientes desfilaban por las calles en camionetas enormes, atemorizando a la población y sembrando el mal ejemplo entre los jóvenes. Y siendo las FARC uno de los principales cárteles de la droga hoy en día, en medio de un proceso que puede darle espacios en el poder, la cuestión también puede cobrar dimensiones dantescas para el país.
Pero tampoco quiero un campo árido, arruinado para la siembra, ni es justo para sus pobladores, que tengan que sufrir enfermedades originadas en el veneno que rocía el mismo gobierno.
Creo que una respuesta acertada, que controle ambos problemas, es la responsabilidad de este gobierno.
Al fin y al cabo para eso se les elige.
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Esta historia fue publicada originalmente el 16 de mayo de 2015, 2:00 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Cánceres."