Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

La generación del comunicado

El triunfo de Corea del Sur que descabalgó a Alemania del Mundial de fútbol, colocó a México en octavos y para celebrarlo al día siguiente en Un Nuevo Día, el matinal de Telemundo, su presentador, colaboradores e invitados abrieron con un mariachi cantando Guadalajara, Guadalajara a todo dar. Seguidamente, los animadores agradecieron a Corea del Sur con esa guasa que se había vuelto viral, haciéndoles sentir “hermanitos” mexicanos por el gesto de enderezarlos en el Mundial. Pero el chef habitual del programa, James Tahhan, se achinó los ojos el tiempo suficiente para crear una de esas polémicas virales que hacen o, en este caso, deshacen una carrera en televisión.

No se puede achinar un rostro occidental porque es jugar con estereotipos que creemos erradicados. Así pensó NBC, la cadena madre de Telemundo, y en un brevísimo comunicado apartó indefinidamente al chef y a otra colaboradora que había hecho lo mismo, Janice Bencosme. Sin embargo, la representación de lo mexicano, el mariachi, el colorido, el siempre cantar Guadalajara no fue considerado tan estereotípico. Claro que no era ofensivo pero es cada vez más difícil encontrar la fina línea entre lo que de verdad tipifica y lo que puede ser un gesto que despierta irascibilidad. Lo siento por el chef, que es venezolano y llevaba varios años en la cadena y que no tuvo a nadie cerca que le dijera que su broma no era adecuada. Pero también lo siento por los que ejecutan acciones de repulsa desde una fina piel y aprovechándose de la juventud e inmadurez de las redes sociales, demasiado jóvenes para tener la piel un poco más dura y no sentirse ofendidos por casi todo.

No se pueden demonizar las redes pero las redes sí pueden tomar control y poder sobre nuestras acciones y determinar qué está bien y qué está mal. A medida que van haciéndose mayores y superan la década o sus quince años, las redes dejan caer señales muy evidentes de su totalitarismo. Cuando condenan algo lo hacen con la fuerza de millones y millones de seguidores. Nadie es más fuerte que ellos en este momento. Fueron Davides que se enfrentaron al Goliat que era la comunicación que terminó amparándose bajo el poder antes que ser aquel cuarto poder que todo lo luchaba demostrando la verdad a prueba de influyentes obstáculos. Pero ahora, las redes empiezan a parecer un nuevo Goliat, esta vez capaz de enfrentarse a David y reducirlo.

Creo que todo esto empezó en los años noventa cuando lo políticamente correcto mostró su mejor cara y nos sedujo a todos con que era un instrumento para una mejor vida y mayor respeto. Pero poco a poco se vieron las costuras de una nueva forma de manipulación, basada en el “buenismo” para seguir propagando la peor de las maldades: la censura, la capacidad de impedir a la verdad mostrarse y someterse a debate. Y esa censura dio paso a algo peor: la autocensura. La imposibilidad de expresar una opinión diferente, un discurso opuesto al aceptado por miedo a quedarte solo o, mucho peor, sin trabajo. Esa autocensura también creó un monstruo: la opinión única, indebatible y tan todopoderosa que lejos de crear debate solo hace crecer al infinito el inmenso bostezo de nuestro aburrimiento.

Escritor y presentador venezolano.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA