Opinión

En defensa de la libertad académica

Modesto A. Maidique fue seleccionado de un gran grupo de 205 aspirantes para ser Presidente de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en octubre de 1986. Estuvo 23 años en el cargo.
Modesto A. Maidique fue seleccionado de un gran grupo de 205 aspirantes para ser Presidente de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en octubre de 1986. Estuvo 23 años en el cargo. Archivo

Modesto A. Maidique fue seleccionado de un gran grupo de 205 aspirantes para ser Presidente de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en octubre de 1986. Le sobraban méritos para el cargo: sus cinco títulos de MIT y Harvard, sus años de miembro de la facultad en las antes citadas universidades así como en Stanford University. A su experiencia docente se añadía su trayectoria como hombre de negocios y cofundador de Analog Devices, una empresa de Fortune 500. Tenía otra característica importante para el puesto: su capacidad para desenvolverse a la perfección tanto entre estadounidenses como entre cubanos e hispanos.

El nombramiento fue acertado. En los 23 años que el Dr. Maidique fungió como presidente, FIU avanzó y creció de modo espectacular y sin precedente. Durante la administración de Maidique se consiguieron fondos de la legislatura estatal así como del sector privado a través campañas de recaudación de cientos de millones de dólares. Se amplió el número de estudiantes (por 25,0000) y de profesores; se construyeron nuevos edificios y parqueos por valor de $800 millones. Aumentó el número de becas. Se logró la aprobación y apertura de las escuelas de arquitectura, ingeniería, leyes y medicina. La Universidad calificó como División I en deportes y su equipo de football I-A. Año tras año FIU obtuvo reconocimiento entre las mejores universidades del país. Se fundó un capítulo de Phi Beta Kappa, la máxima fraternidad académica de los Estados Unidos. Pero quizás uno de los mayores aportes durante su presidencia fue transformar a FIU en un período de solo 14 años, de 1986 al 2000, de una universidad que a nivel de estudios graduados sólo otorgaba maestrías a una con más de 25 programas doctorales. Además, convirtió a FIU en una universidad de investigaciones División I, en la que se encuentran a nivel nacional sólo unas 100 instituciones.

No todo fue fácil. Por ejemplo, en 1992 el huracán Andrew hizo destrozos en el recinto, entonces llamado University Park, y muchos profesores, empleados y alumnos perdieron sus casas. Fueron semanas de intenso trabajo para reconstruir propiedades y vidas. FIU ayudó a los suyos y a la comunidad en ese esfuerzo.

Maidique no era popular con todos. Entre la administración y la facultad siempre hay tensiones. Algunos lo veían más como un hombre de negocios que un académico; otros resentían su empuje, su determinación, la terquedad de su visión. Como a todos, las críticas le molestaban, pero nunca hizo nada para restringir la libertad de expresión, uno de los principios más sagrados en Estados Unidos y muy en especial en las universidades.

Cuando se retiró en 2009, la Junta de Fideicomisos decidió ponerle el nombre de Modesto A. Maidique al recinto principal de la Avenida 107 y la calle 16. No es un honor que a menudo se otorga a presidentes de universidades. Sin embargo, en Estados Unidos existen múltiples universidades enteras que llevan el nombre de sus fundadores. Harvard en Massachusetts, Stanford University en California, Carnegie Mellon University en Pennsylvania, Cornell University y Hunter College, ambos en Nueva York, son solo algunos ejemplos. Cierto que Maidique no fue el fundador de FIU, pero sí el hombre que la convirtió en una gran universidad y sentó las bases para que siguiera prosperando.

Actualmente, una nueva Junta de Directores está considerando quitarle el nombre de Modesto A. Maidique al recinto. Se ofrecen dos razones principales: la primera, las críticas recientes de Maidique a la nueva administración de FIU y la segunda, que pudieran ofrecer vender el nombre a un importante donante.

Ambos argumentos me parecen inapropiados. En verdad, no he estudiado a fondo las críticas de Maidique. No es lo que importa. Como profesor que es de la universidad, debe respetarse su total derecho a la libre expresión como siempre él lo hizo con todos lo que criticaron durante su presidencia. Lo contrario sería violar la esencia misma de la libertad académica.

Comprendo que FIU tenga necesidad de recaudar dinero y que es costumbre ponerle a edificios o escuelas el nombre de donantes, como es el caso en FIU del Steven and Dorothea Green Library o el Patricia and Phillip Frost Art Museum, pero quitar el nombre de Maidique al recinto para venderlo al mejor postor me parece, cuando menos, de muy mal gusto.

Cuando se le pone el nombre de personas vivas a calles o edificios públicos, siempre existe el peligro que tengan algún esqueleto en el closet o actúen de forma indebida. No es el caso del Dr. Maidique. Nadie lo ha acusado de nada. Se comporta como un ciudadano digno. Quitarle al recinto el nombre de quien tanto hizo por la universidad, sería una medida vergonzosa para FIU.

Deseo enfatizar que este artículo no es para apoyar las críticas del Dr. Modesto A. Maidique a FIU –que en realidad no he estudiado–, sino para defender a toda costa la libertad académica. Espero que a la larga, FIU actúe de acuerdo a este principio fundamental en las universidades americanas.

Escritora y periodista cubana.

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