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Opinión

El don de la generosidad

Miami es la tercera ciudad de Estados Unidos en densidad de rascacielos, solo superada por Nueva York y Chicago.
Miami es la tercera ciudad de Estados Unidos en densidad de rascacielos, solo superada por Nueva York y Chicago. el Nuevo Herald

Mi oficina en Miami Dade College está en el pujante downtown de la ciudad, donde hoy por hoy se dan contradicciones sociales notables. Por un lado, las numerosas grúas expresan una explosión urbanística que nos coloca en el tercer sitio de los Estados Unidos con la mayor densidad de rascacielos, sólo por detrás de Nueva York y Chicago, algo ciertamente asombroso si pensamos en la juventud de Miami como urbe.

Por otro, no se pueden disimular estratos de pobreza, difíciles y complejos de hacer desaparecer, no obstante los ingentes esfuerzos de las autoridades encargadas de administrar los destinos del enclave.

No pasa un día, durante mi trasiego cotidiano, en que no vea la imponente Torre de la Libertad, Monumento Histórico Nacional por el cual velamos con celo en el College, y lugar que me recuerda personalmente la generosidad que caracteriza la historia de esta gran nación que ha tendido la mano a tantos emigrantes y refugiados necesitados de amparo.

Un día en la incertidumbre crucé aquel umbral con mi hermano para recibir la primera ayuda tan necesaria cuando nos desplazan, sin piedad, de los vecindarios que nos vieron nacer. El primer exilio cubano, años sesenta, abrió un ciclo de oleadas similares que no ha cesado desde entonces.

Hoy se sabe que la ciudad no hubiera crecido, como orgullo de todos, sin la perseverancia de tantas familias, recién llegadas por entonces, que luego reciprocaron la oportunidad y el privilegio de volver a empezar, preparándose profesionalmente en aulas como las nuestras.

Estados Unidos sigue siendo la misma tierra de oportunidades de hace siglos. Vivimos en una sociedad excepcional, donde a veces nos sentimos consentidos y olvidamos que, en nuestra propia comunidad, hay niños y jóvenes sin hogares ni familias y, en no pocas ocasiones, sin un bocado sustancial que llevarse a la boca en medio del derroche alimentario que nos caracteriza.

Se los cuento por experiencia. En Miami Dade College, entre otros modos de colaborar con este tipo de apremiantes necesidades, tenemos un programa de mentores para la juventud que a los 18 años salen de los programas de “foster care”, donde están al cuidado de familias que no son las suyas por numerosos imponderables sociales.

Las estadísticas para estos muchachos y muchachas, cuando no son atendidos como en los programas de ayuda del MDC, no dejan de estremecerme. Muy pocos se graduarán de estudios secundarios; 40 % terminarán desamparados, sin hogar, en los 18 meses siguientes y 25% serán encarcelados en los próximos dos años. Solo un 3% alcanzarán el diploma universitario.

Con nuestros llamados “Cuerpos de Mentores Changemakers” hemos logrado que esta juventud tan desamparada, como la que llega de otros países, logre mantenerse interesada en los estudios, una de las vías seguras para escapar de los círculos viciosos que los acosan y no les permiten desarrollarse.

Ni que decir que también creamos coordinaciones con entidades dedicadas a la distribución gratuita de alimentos para estudiantes necesitados y celebramos periódicamente esos encuentros porque nos parece realmente lamentable, para no decir vergonzoso, que un joven americano con potencialidades educativas deba elegir entre el aula o el hambre.

Presidente del Miami Dade College.

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