Opinión

Hasta dónde se quiere dominar a la mujer

Manifestantes a favor y en contra del aborto se congregan frente al Tribunal Supremo en Washington, el 9 de julio.
Manifestantes a favor y en contra del aborto se congregan frente al Tribunal Supremo en Washington, el 9 de julio. Getty Images

​Hay límites en la fórmula para conseguir dinero en los negocios. Y precisamente se trata de la palabra “fórmula”, la que se usa para denominar la leche que se prepara cuando las madres no pueden o no quieren amamantar al bebé.

Del mismo modo, la búsqueda de un nuevo juez para la Corte Suprema de la nación revuelve alrededor de varios temas, pero el más candente es el de los derechos del control que tiene sobre su vientre la mujer embarazada.

¿De quién es el cuerpo de la mujer? En un gobierno laico, libre y republicano, el cuerpo de la mujer le pertenece a la mujer. No es del padre, ni del hijo, ni del marido. Es de la mujer. Y es ella quien tiene que decidir qué hacer con su cuerpo, ya sea alimentar a su hijo, o dejar desarrollar un óvulo fertilizado en su propio vientre. E incluso otras cosas, como operaciones quirúrgicas, locomoción, expresión, es decir, todas las libertades básicas.

El tema de la promoción de fórmulas de leche para bebés ha surgido en una situación incongruente, que ha informado The New York Times esta semana. En Ginebra, Suiza, se reunieron en la primavera las delegaciones de varios países en la Organización Mundial de la Salud (OMS), afiliada a las Naciones Unidas. Estados Unidos apoyó a la OMS con $845 millones el año pasado, según este rotativo, un 15 por ciento de su presupuesto total. Y, sin embargo, fue la delegación norteamericana del presente gobierno la que quiso modificar unas declaraciones introducidas por Ecuador, para alentar la lactancia materna. Los delegados amenazaron a Ecuador, que fueron los que presentaron la declaración de limitar la publicidad inexacta o confusa sobre los sustitutos de la leche materna.

El presidente Donald Trump respondió a la crítica diciendo que a lo que se oponen sus delegados es a que se supriman o coarten los anuncios de fórmulas lácteas, no a que se prohíba que las madres amamanten a sus hijos. Pero la industria de las fórmulas de la leche para bebés es muy poderosa y sus cabilderos estaban en Ginebra.

Mi propia experiencia en Estados Unidos al dar a luz fue singular, aunque ya de esto hace muchos años. Vivía en el pueblito de Lansdale, en Pennsylvania, y tuve que viajar a otro pueblo, Abington, del mismo estado, a más de media hora de distancia en auto, porque allí las enfermeras del hospital me ayudarían a lactar a mi bebé. Era necesario evitar que le ofrecieran la fórmula al bebé hasta que se acostumbrara a la lactancia, cosa que no supe antes cuando tuve a mi primogénita. Hasta en eso había que buscar la libertad de opción.

Para una preñada contra su voluntad existe la solución provista por Roe vs Wade, un precedente legal aprobado por la Corte Suprema en 1973, sobre los derechos reproductivos de las mujeres. Pero ahora, al jubilarse el juez Anthony Kennedy, que siempre ha apoyado esta ley, se cuestiona que hará Brett Kavanaugh, propuesto para la Corte Suprema por el presidente Trump, si es aprobado por el Senado.

Debo confesar que admiro el hecho de que Kavanaughtrabajó pro bono para mantener a Elián González en este país al que lo trajo su madre para que viviera en libertad. Por lo tanto, me parece que tendrá el justo juicio para considerar el problema de Roe vs Wade y su alcance.

Roe no es una Enmienda, sino un precedente legal, pero también muy difícil de eliminar por la Corte. Se apoya en la Enmienda 14 de la Constitución, que garantiza la libertad de la persona en cualquier estado de la República. Permite terminar el embarazo en el primer trimestre solamente. En el resto de los casos deja la decisión a los estados. Aunque no debería permitirse nunca cuando haya posibilidad de vida fuera del vientre materno, llamado “fetal viability” en la ley.

Lo ideal obviamente es controlar la natalidad antes de que ocurra la gestación, sobre todo después de que se aprobó la píldora para la mujer en mayo de 1960, y se puso a la venta en agosto de aquel año. Que se pongan a la disposición gratis las píldoras anticonceptivas en todos los países del mundo sería la gran solución. Que la OMS se encargue.

Y ahora estará a punto muy pronto la píldora para el hombre, para que también se responsabilice. Si los hombres fueran preñados como las mujeres, no habría la típica discriminación con el cuerpo y la vida de la mujer. El problema estaría resuelto hace mucho tiempo.

olconnor@bellsouth.net

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