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Opinión

Trump arrodillado ante el enemigo ¿Qué le debe?

El Presidente Trump recibe el balón oficial del Mundial de manos del mandatario ruso, Vladímir Putin, durante la conferencia de prensa que ofrecieron en Helsinki el lunes 16 de julio de 2018.
El Presidente Trump recibe el balón oficial del Mundial de manos del mandatario ruso, Vladímir Putin, durante la conferencia de prensa que ofrecieron en Helsinki el lunes 16 de julio de 2018. AP

La farsa del día después no borra la traición. Al verse acorralado por el aluvión de críticas y por las burlas alrededor del planeta -como la del muñeco londinense “baby Trump” en pañales y con su Twitter- Donald Trump reaccionó como hacen los bullies cuando se ven pillados, desdiciéndose de lo que el mundo entero vio el 16 de julio: su rendición ante Putin.

Pero la ridícula retractación del uso del lenguaje duró pocas horas. Enseguida volvió a defender al enemigo ruso, contradiciendo y desacreditando de nuevo a las agencias de inteligencia norteamericanas. “No”, dijo el miércoles Trump al preguntarle si Rusia está intentando otra vez atacar nuestra democracia.

Fue un rotundo “no” y un claro guiño a Putin, algo así como: “no te preocupes Vladímir, que me vi forzado al día siguiente de nuestro fantástico encuentro a interpretar el papel de que dije NO donde dije SÍ, porque sabes que para ti siempre es un sí”.

Igual que una conversación de enamorados. Que nada tiene de gracioso y mucho de peligroso para la seguridad nacional y la supremacía de Estados Unidos, el liderazgo global que antes de Trump era incuestionable y ahora cuestionado y despreciado (ejemplo: esta semana la Unión Europea ha firmado un mega acuerdo comercial con Japón, que básicamente sustituye a EE.UU como principal socio).

La gran pregunta es: ¿Si en un acto público y retrasmitido al mundo entero en la cumbre de Helsinki se atrevió Trump a arrodillarse ante el zar de Moscú, qué habrá sido capaz de entregarle en la reunión privada de más de dos horas? ¿Qué favores debe pagarle al matón del Kremlin para llegar al extremo de esa vergonzosa sumisión? No hay que olvidar que fue Trump quien insistió -en contra de sus asesores- en entrevistarse a solas con Putin, y con la condición de que no se tomaran notas, para no dejar rastro.

Piénsenlo, my fellow Americans.

Algún día se sabrá lo que acordaron. Y será Putin quien lo revele cuando le convenga, cuando ya Trump no le sirva para sus propósitos de ampliar la esfera de influencia geopolítica, y para destruir la alianza transatlántica Europa-EE.UU, que es el principal estorbo para su expansionismo. ¿Alguien duda de que el exjefe de la KGB llevara un micrófono espía?

Y alguien duda de que ese encuentro íntimo Donald-Vladímir ha sido el verdadero –y único- motivo del montaje de una “cumbre” para la que no existía absolutamente ninguna razón concreta, ningún objetivo declarado. Ni siquiera para aparentar seriedad. Que solo ha beneficiado a Putin para legitimar su régimen, tolerar la impunidad de sus crímenes y elevar su estatura a nivel de potencia mundial. Mientras que para Trump concluyó con un deshonroso balance: las manos vacías políticamente (en lo demás no sabemos) y lleno de humillación el liderazgo de EE.UU.

¡Ah!, perdón, regresó muy contento con un balón de fútbol. Y con la satisfacción de haber avanzado los intereses estratégicos nacionales. De Rusia.

Con gran empeño trabajó Trump las vísperas de Helsinki en pro de la agenda putinesca. Por un lado, atacó a la OTAN, incluso amenazando con sacar a EE.UU de la organización que ha salvaguardado la defensa de Occidente y la paz. Por otro, declaró “enemiga” a la Unión Europea, la gran aliada histórica de Washington (importante recordar que a diferencia de Rusia y China que solo tienen países “clientes”, EE.UU ha tenido siempre “aliados” con los que puede contar). Y si eso no fuera suficiente, lanzó una guerra comercial contra Europa.

Ya en Finlandia remató la hazaña absolviendo a Putin del ciberataque a nuestra democracia y desacreditando a las agencias de inteligencia, e ignorando como si no hubiera existido el encausamiento días antes de 12 militares rusos. De paso difamó también al FBI, la investigación sobre la injerencia rusa, los demócratas y Hillary Clinton, echando leña al fuego con el que Moscú aspira a calcinar la democracia americana: la división social.

Para colmo, cuando un reportero le preguntó durante la infame rueda de prensa si responsabilizaba a Rusia del ciberataque en la elección de 2016, Trump respondió sin un ápice de dignidad que “ambos países son responsables”. Acto seguido culpó a EE.UU de la tensión con Rusia.

Calificar semejantes palabras de sumisión, capitulación o rendición no haría honor a la magnitud de lo que implican. Nuestro presidente presume de ser un tipo duro cuando se trata de abusar a niños inmigrantes, pero ante un tirano se comporta como un cobarde servil.

Periodista y analista internacional. @TownsendRosa

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de julio de 2018, 7:46 p. m..

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