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Opinión

La nominación a la Corte Suprema, gran victoria para la derecha filosófica

El presidente Donald Trump saluda a Brett Kavanaugh el 9 de julio del 2018. Trump anunció que nominaba a Kavanaugh a la Corte Suprema para reemplazar al magistrado Anthony Kennedy, quien se retira.
El presidente Donald Trump saluda a Brett Kavanaugh el 9 de julio del 2018. Trump anunció que nominaba a Kavanaugh a la Corte Suprema para reemplazar al magistrado Anthony Kennedy, quien se retira. Archivo/el Nuevo Herald

Inmediatamente después de que el presidente Donald Trump nominó al juez Brett Kavanaugh para la ocupar la vacante que dejará el magistrado Anthony Kennedy en la Corte Suprema, la izquierda reaccionó despavorida: ¡Se acerca el fin del mundo... huyan a las montañas o a Canadá... a refugiarse!

La derecha filosófica, los conservadores, poseen una amplia visión jurisprudencial enraizada en el texto y la historia de la Constitución de Estados Unidos.

La Constitución debe significar lo que se interpretó que significaba cuando se promulgó. Hay una mezcla de factores: texto, las intenciones de sus creadores y los compromisos políticos de la época. No todo está claro, algunas veces principios generales no son fáciles de aplicar décadas después en circunstancias diferentes, y el proceso político es confuso y lleno de compromisos.

Sin embargo, si el documento, sea constitución o estatuto, no tiene un significado fijo, razonable, ¿para qué molestarse con este? Simplemente admita que los jueces pueden hacer lo que les venga en ganas.

Esa es la esencia de la jurisprudencia liberal.

Sea cual sea la teoría, su esencia es que los juristas pueden hacer caso omiso a lo que los redactores de la Constitución intentaron lograr. Claro que leyes y constituciones necesitan adaptarse a circunstancias cambiantes. Pero hay una forma prescrita de enmendar la Constitución que resultaría en un compromiso similar al documento original. Las cortes se han convertido en una especie de atajo legal, una rama súper legislativa que puede eliminar la necesidad del debate político o apoyo de la mayoría. Convenzamos a cinco miembros de la Corte Suprema que la historia se mueve en una dirección particular y, ¡albricias!, la sociedad llega allí hoy en lugar de algún día en el futuro.

Y es así por qué la izquierda está en pánico con la nominación de Brett Kavanaugh. Existe el argumento por cambios incrementales, pero dados los cambios radicales a la izquierda de la Corte en los últimos años, acelerar los cambios en la dirección opuesta es apropiado.

Kavanaugh es un jurista con credenciales impecables. Talentoso, inteligente, ético y altamente respetado. El profesor Akhil Reed Amar de la Universidad de Yale calificó la nominación de espléndida y argumentó que Kavanaugh “comanda amplio y profundo respeto entre intelectuales, abogados y juristas”. Otra académica de Yale, Amy Chua, ha escrito sobre la labor de Kavanaugh con colegas femeninas: más de la mitad de sus asistentes jurídicos (clerks) han sido mujeres.

Si la izquierda quiere detener esta nominación, debe explicar por qué la visión jurisprudencial es errónea. Pero sus activistas no tienen una filosofía judicial. Solo les interesan los resultados. Ven a la Corte Suprema como un campo de batalla, otra institución gubernamental a ser dominada en su lucha perenne por transformar a todos los que los rodean en autómatas liberales. Nunca imaginan que, quizás, la Constitución no respalda su visión de utopía sino que deja esa lucha al proceso político.

La izquierda ve a Kavanaugh como “una amenaza a nuestra democracia”. Kavanaugh terminará con el aborto legal en Norteamérica. Esto significa que su confirmación será una “pena de muerte para miles de mujeres en Estados Unidos”. La confirmación “amenazará las vidas de millones de norteamericanos por décadas”. La civilización está en riesgo “porque el presidente está usando esta nominación como una herramienta destructora de una generación de progreso para obreros, mujeres, personas gay, comunidades de color y familias, y para radicalmente echar atrás la marcha de la justicia americana y la democracia”.

El magistrado Kavanaugh, aparentemente, tiene una agenda bien ocupada. Y todo porque no cree que los jueces de la Corte Suprema deben ser legisladores. O quizás los liberales pudieran tratar de convencer a los estadounidenses que los respalden en esos eventos llamados “elecciones”.

Si Brett Kavanaugh es confirmado, empujará al sistema constitucional hacia su balance original. Eso tiene en pánico a la izquierda, que espera que la Corte Suprema imponga lo que los votantes no desean. Si el máximo tribunal abandona su rol legislativo, los liberales tendrán que convencer a los votantes que respalden sus ideas de ingeniería social dirigidas contra el pueblo norteamericano.

AGonzalez03@live.com

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