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Opinión

La lista internacional de los mejor vestidos

Grace Kelly entró en la lista de los más elegantes de Vanity Fair cuando convirtió su elegancia en una influencia mundial.
Grace Kelly entró en la lista de los más elegantes de Vanity Fair cuando convirtió su elegancia en una influencia mundial. Archivo

Acabo de escribir un artículo para la edición española de Vanity Fair acerca de Eleanor Lambert, la publicista creadora de la lista internacional de los más elegantes. La revista heredó la custodia y edición de la lista de manos de la propia Lambert, que falleció en el 2003 tras cumplir cien años de edad. La lista fue la primera de ese tipo de enumeraciones de personas que ostentan un título tan fascinante como polémico. ¿Sirve de algo ser elegante? En un mundo lleno de violencia, fealdad espiritual, mezquindad, uno pensaría que no. Pero esa es una de las características de la lista. Sirve como evasión, facilita la construcción de un mundo paralelo y favorece la idea de que lo frívolo, al final, es mucho más profundo que lo que le rodea.

Eleanor Lambert nació en Crawforsville, Indiana, en 1903, un diez de agosto. Su padre influyó en su hija porque trabajaba como un advance man del circo de los Ringling Brothers. Lo de advance man significaba que promocionaba la llegada del circo en las provincias del estado donde vivía. Eleanor siguió su ejemplo y entró a trabajar muy joven en una agencia de publicidad. Y paso a paso creció su carrera hasta descubrir un extraordinario y ávido cliente: la moda. Con el cierre de las grandes casas de costura en París durante la Segunda Guerra Mundial, Lambert construyó un edificio de apoyo y promoción de la moda hecha en Estados Unidos como alternativa. Gracias a ella decenas de diseñadores americanos rivalizaron por tomar el relevo de la moda europea en el mundo. Desde Mainbocher, que ya estaba instalado en Europa y es célebre por diseñar el traje de novia de Wallis Simpson para su matrimonio con Eduardo de Inglaterra, hasta Halston, Calvin Klein u Oscar de la Renta. Y la lista de los mejor vestidos sirvió como columna principal y extraordinario sistema de auto promoción para ese despertar de la moda americana. Una idea genial, nacida de una mujer.

A mí me encantaría salir en esa lista. Y he crecido convencido que a muchísima otra gente también, a lo mejor hasta usted mismo leyendo este artículo. Y precisamente porque la estudio cada año comprendo un poco más su criterio de selección. La lista celebra más el estilo, que es una prolongación de tu personalidad y tus decisiones ante la vida, que la propia elegancia. De allí viene que se llame “de los mejor vestidos”. Y porque vestirse bien es un arte complicado, con muchas reglas pero una verdad básica: la última palabra la tiene uno mismo. Nunca te vistas para solo agradar. Ni tampoco para rebelarte ni para dejar claro quien eres. Vístete para ser esa persona que Quieres ser y en la que Deseas ser. Por eso la lista premia a lo que se llama “estilo propio” y que es algo que se manifiesta muy temprano y debes pasar el resto de tu vida depurándolo. Editándolo. Mejorándolo.

La lista no se equivoca cuando apuesta por este tipo de personalidades. Madonna fue incluida cuando vistió los corsets diseñados por Jean Paul Gaultier. Grace Kelly entró cuando convirtió su elegancia en una influencia mundial. Diana de Gales lo hizo cuando la lista se dio cuenta que estaba creando el vestuario de las princesas modernas, mitad Disney y la otra mitad auténtica jefa de estado. Esa es la importancia de la lista, baremo y testigo de los cambios en el destino de las mujeres a través de las décadas del siglo XX para conquistar el XXI, el siglo de las mujeres.

Escritor y presentador venezolano.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de julio de 2018, 5:29 p. m..

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