Opinión

El peligroso avance del socialismo en América

Partidarios del socialismo democrático se reúnen en Portland, Maine, el 16 de julio.
Partidarios del socialismo democrático se reúnen en Portland, Maine, el 16 de julio. AP

En septiembre del año pasado se publicó un trabajo sobre una encuesta realizada por The American Culture and Faith Institute (ACIF) que arrojó como resultado un 40% de la población norteamericana prefiriendo el socialismo sobre el capitalismo. Su director ejecutivo George Barna, quien es especialista en investigación de mercados, declaró que este resultado alarmante en una “gran minoría” debería disparar la toma de precauciones entre los líderes políticos de la nación.

El trabajo en cuestión, publicado por Michael Snyder vía The American Dream Blog, señala que esta tendencia socialista es aún más relevante entre los adultos jóvenes menores de 30 años, los cuales en su mayoría constituyen la llamada generación del milenio. De hecho, una encuesta de Gallup realizada en el 2016 encontró que un 55% de ese rango tiene una visión positiva del socialismo. Incluso, un estudio de la Universidad de Harvard reveló que un 51% de ese mismo grupo no apoya al capitalismo (Washington Post).

El caso con la generación del milenio viene dado principalmente por el deterioro en sus condiciones económicas, marcadas por enormes deudas estudiantiles, internados empresariales gratuitos, y posteriormente, salarios mínimos ridículos. Todo ello ha contribuido a que los jóvenes se sientan desilusionados. Referente a la materia, la publicación Business Insider considera los siguientes aspectos: “Los costos del cuidado de salud, la atención infantil y las matrículas escolares continúan en ascenso. Los salarios están estancados o en declive. Los trabajos a tiempo completo se han convertido en posiciones contratadas donde los beneficios son recortados. O sea, toda la prosperidad que esperaban nuestros padres para nosotros, no se cumplió”.

Desde luego, esta tendencia política en los adultos jóvenes viene aderezada con el ingrediente principal que tradicionalmente ha identificado a la juventud: la rebeldía natural y el antagonismo a todo lo establecido. Lógicamente, cuando ellos evalúan todos estos factores, erróneamente perciben que la solución es el socialismo.

En la práctica ocurre que no se percatan de los desastrosos resultados obtenidos en previos experimentos. Por ejemplo, con los planes quinquenales de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se pretendía mediante una planificación concertada, llevar a cabo todas las reformas sociales imaginadas. Sin embargo, lo que sucedió fue un rotundo fracaso en el plano económico ya que mientras allí el 75% de la población trabajaba en actividades rurales y/o agropecuarias, tenían que importar la mayoría de productos agrícolas, especialmente el trigo. En cambio, en EEUU solo el 5% de la población se ocupaba de los trabajos agrícolas y sin embargo el país no solo se autoabastecía sino que exportaba a otros países, incluyendo a la URSS.

Además, el socialismo ruso trajo consigo la represión y el exterminio de millones de personas, tanto en su terreno como en otros países. En efecto, se encargaron de inocular el veneno comunista en muchas naciones, las cuales en su mayoría aún padecen sus consecuencias. Conocidos de sobra son los casos de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, etc. En América Latina, su pupilo ejemplar, Cuba, ha sido la designada de esparcir ese veneno, contaminando a muchas naciones, entre ellas Venezuela y Nicaragua, por ejemplo.

De más está decir que esas teorías socialistas y comunistas han sido responsables, no solo de la miseria y desesperación de muchos, sino además de muerte y represión generalizada.

Bajo todas estas circunstancias, se impone un modelo económico, que sin abandonar las ideas de un libre mercado, considere estos aspectos en la magnitud real que ellos tienen. Conscientes de la importancia del aumento en el favoritismo hacia esas ideologías izquierdistas, un grupo de demócratas organizó recientemente en Columbus, Ohio, una conferencia donde se propuso una agenda robusta de cambio, a la vez que se alababa al capitalismo.

En ese evento denominado Opportunity 2020, la organización Third Way, a través de su presidente Jonathan Cowan, manifestó: “Una vez más ha llegado la hora de enmendar, no de eliminar, el capitalismo de cara a una nueva era”. Agregó que “la economía de la oferta de los años 80, el centrismo de los 90 y el socialismo de los 60, no sirven para la época que vivimos. Necesitamos algo nuevo y diferente”. Otros demócratas que asistieron al evento, como el senador estatal por Iowa Jeff Danielson fue aún más fuerte refiriéndose a los que abogan por el socialismo: “Un grupúsculo pequeño, pero que hace mucho ruido sin prestar atención a las evidencias, fracasará a largo plazo, no importa lo alto que griten”.

Lo cierto del caso es que dentro del capitalismo pueden adoptarse medidas para frenar el progreso del socialismo. Ello incluye, por ejemplo, elevar de una vez y por todas el salario mínimo federal que ridículamente se mantiene en $7.25 por hora, entre otros temas básicos.

Evidentemente, todas las estrategias que podamos aplicar para evitar el ascenso de extrañas ideologías, redundará en el beneficio de todos en nuestra gran nación americana. ¡Manos a la obra!

Economista y periodista.

Siga a Benjamín F. DeYurre en Twitter: @DeYURRE

  Comentarios