Opinión

El reino de la hipocresía

Stephen Miller en los jardines de la Casa Blanca, el 25 de junio de 2018. En un ensayo publicado por su tío, este argumenta que la familia de Miller hubiera sido rechazada de Estados Unidos si las actuales políticas migratorias que su sobrino impulsa hubieran estado en vigor décadas atrás.
Stephen Miller en los jardines de la Casa Blanca, el 25 de junio de 2018. En un ensayo publicado por su tío, este argumenta que la familia de Miller hubiera sido rechazada de Estados Unidos si las actuales políticas migratorias que su sobrino impulsa hubieran estado en vigor décadas atrás. NYT

Esta semana, David Glosser, un tío de Stephen Miller, uno de los asesores presidenciales al frente de las políticas más antiinmigrantes del actual gobierno, le recordó a su sobrino en una columna en el portal Politico que, de no ser por la forma como Estados Unidos ha recibido a las personas que huían de sus países, él no existiera.

Según su tío materno, el patriarca de la familia, Wolf-Leib Glosser (abuelo de Miller), acosado por grupos violentos antisemitasy por el reclutamiento forzado de niños para el ejército del zar, decidió huir con su familia de una aldea de Antopol (en la actual Bielorrusia) y llegó a Estados Unidos en 1903, en busca de una vida mejor.

Sin dinero y sin conocer el idioma, el abuelo de Miller comenzó a trabajar para traer al resto de su familia. Pero los Glosser no se encontraron con un ambiente del todo fácil, ya que desde ese tiempo, había gente como el actual Presidente Trump y su asesor, que consideraba a los inmigrantes pobres, escoria, violadores, bandidos, viciosos y terroristas. Sin embargo, los Glosser prosperaron y cumplieron su Sueño Americano, con una familia de académicos y profesionales, todos ciudadanos estadounidenses.

Esa es la historia familiar de Miller, una en la que gracias a la que él y su jefe llaman despectivamente “inmigración en cadena”, pudieron librarse de la miseria y tragedia aseguradas en su lugar de nacimiento.

Y estas son algunas políticas que ha favorecido este “ilustre” miembro de esa familia: la prohibición de viajes al país a ciudadanos de algunos países de mayorías musulmanas; la reducción al mínimo de los refugiados que se acogen en el país; la limitación de la ciudadanía para los inmigrantes cuya situación está legalizada y, por supuesto, la horrorosa y cruel separación de familias en la frontera.

Pero Miller no es el único miembro del gobierno cuya familia se ha beneficiado de esas políticas que aborrece. Los padres de la primera dama Melania Trump, se hicieron ciudadanos hace poco, gracias al patrocinio (uso de la “inmigración en cadena”) de su hija. Y el mismo Presidente es descendiente de una familia de inmigrantes alemanes.

Pero, más allá de esa hipocresía, o más bien descaro, cuando veo a la gente enervada despotricando a los que llegan, me pregunto de quién es la responsabilidad de que un país esté mal. Me explico: ¿la culpa de que una nación llegue al extremo de que sus ciudadanos, o algunos de sus ciudadanos, quieran, necesiten, huir, es de todos y cada uno de esos ciudadanos, o es de algunos?

Porque está bien, si resulta que es culpa de todos y cada uno de los habitantes de un país que un dictador comunista se monte en el poder, que ocurra un desastre económico o que unos violentos formen una guerra en la que caen miles de inocentes, pues que cierren completamente las fronteras y no dejen que venga nadie.

Pero si la culpa es del dictador y su ejército de cómplices que se montaron a la fuerza o engañando al pueblo, o de unos mafiosos violentos que secuestran y matan a gente inocente, o de unos corruptos que se enriquecen como jeques mientras el resto de los habitantes se muere de hambre, o de unos locos fanáticos que matan a las minorías, bueno, pues en ese caso no estaría mal demostrar un poco de humanidad hacia los oprimidos.

Por cierto, a lo largo de siglos, esos oprimidos han demostrado que le han hecho mucho más bien que mal a esta gran nación de inmigrantes.

Escritor colombiano.

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