Opinión

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Madonna en el Madison Square Garden de Nueva York en septiembre de 2015. La diva del pop y reina de la innovación cumple 60 años.
Madonna en el Madison Square Garden de Nueva York en septiembre de 2015. La diva del pop y reina de la innovación cumple 60 años. NYT

He estado siguiendo la fiesta de cumpleaños de Madonna por su 60 aniversario tanto a través de su Instagram como por el de su amigo, el modelo Jon Kortajarena. Me encanta que Madonna haya convertido su sexagésimo happy birthday en mucho más que un cumpleaños: en una fiesta por todo lo alto y sobre todo la sexagésima oportunidad de demostrarnos que no solo es la reina del pop, sino la soberana absoluta de la reinvención, ese término que parece inventado por ella y del que todos nos hemos apropiado de muchas maneras y situaciones pero casi nunca con los resultados de ella.

¿Qué es reinventarse? Pues echar para adelante, como dirían en mi pueblo y en mi país, Venezuela. No quedarse en el sitio. No sentirte vieja porque cumples 60 o 70 sino que sigues explorando territorios, ideas, cosas, incluso personas. Por eso nos gusta Madonna, porque atraviesa crisis y las supera.

Hace dos años, los milenials la consideraban acabada, envejecida (que es algo tan cruel de decir), incapaz de seguirle el ritmo a sus “herederas”, baldeada por las aguas turbulentas del reguetón, que parece necesitar someter a todo el que le pase por delante a su totalitarismo musical. Menos a Madonna, que también acaba de demostrar que la única capacidad necesaria para sobrevivir es resistir. Aguantar, las criticas, los accidentes (recordemos ese espantoso incidente durante un concierto con una capa diseñada por Armani que no se desprendió de su cuello y la hizo caerse de una tarima en pleno espectáculo hace unos años) y sobre todo, las exigencias de ese público que la ama pero también parece no permitirle hacerse mayor.

Resistiendo, Madonna llegó a la conclusión que solo necesitaba alcanzar los sesenta y a partir de allí como si una puerta se abriera y esta nueva década sea al mismo tiempo la de la reinvención y la que inicia el camino hacia la leyenda.

Mientras, yo sigo observando la magnífica fiesta a través de Instagram y dándome cuenta que llevo casi 40 años siguiendo a Madonna a través de los medios. Mi primer videoclip fue Borderline y el segundo fue unos años después Like a Virgin y llevo 30 años haciendo Vogue casi al dedillo.

Todo este largo listado para confesar que debería haber estado en su fiesta por los 60 años y vestirme de beduino y cruzar una travesía en el desierto junto a ella y Jon Kortajarena, el modelo español más internacional y con mejor personalidad y que, además, es bastante amigo. Pero la vida permite que solo unos pocos se reinventen. Y a mí no me toca todavía.

Estoy trabajando de nuevo en Miami, viendo los Instagram de otros mientras espero que se reactive el tránsito en la autopista 836 o en el Palmetto. Es lo que toca. Lo que pasa es que en la cultura de Estados Unidos todo es inspirador y aspiracional. Si a usted y a mí nos toca ver la reinvención de Madonna a través de las redes sociales, eso no se interpreta como algo de perdedores. No, de inmediato se transforma en algo que nos puede pasar solo con volverlo una meta, algo que nos sirva de guía para hacer que el triunfo sea parte de nuestra historia.

Conseguir nuestros sueños, así se le llama.

Es tremendo como nos manejan. No vamos a estar invitados al próximo cumpleaños de Madonna. Ni conseguiremos reinventarnos y alejarnos del Palmetto, viendo los Instagram de ilustres desconocidos. ¡Upps! me pasé y escribí la verdad, cuando lo primero que aprendes al reinventarte es a... huir de la verdad.

Escritor y presentador venezolano.

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