Opinión

Instruir y educar… ni es lo mismo ni se escribe igual

Un buen maestro es inolvidable, comparado solo con un gran amor.

Dichosos los que hemos contado con las enseñanzas eternas de maestros en todo el sentido de la palabra. Porque instruir y educar van de la mano, aunque no sea igual.

El maestro enseña más por lo que es como persona, que por las clases que imparte. Recuerdo la sobria manera de vestir, y la educación al estilo de una institutriz inglesa, un vasto nivel cultural y nombres respetables en toda una comunidad como Migdalia Villegas, Nélida Año, Jorge Villalón, Armantina o Marleni Morales, quien me enseñó a pensar, leer, escribir y a definir la personalidad con un carácter único y exclusivo.

Educadores con un comportamiento social intachable. Guiados por su pasión desmedida, entregaban cada día lo mejor de su ser con la convicción de que infante que pasara por sus aulas, sería una persona de bien. Maestros que por supuesto, fueron formados antes de la “involución” cubana.

Eso fue hace décadas en Cuba, ahora y desde hace mucho, la mayoría de los “instructores” andan con tatuajes a la intemperie, con sonrisas lumínicas a través de dientes de oro -quizás falso y sin quilates-, y con un estilo friki desbordante. Y la ética y los buenos modales, invisibles.

La ortografía divorciada y sin chance de reconciliación con la Real Academia Española de la Lengua. Una vulgaridad semejante a población presidiaria. ¡Ah! y el 99.9 por ciento jamás ha leído un libro. Solo revistas de moda capitalistas o de sexo explícito, eso sí.

Instruyen con sus maneras “revolucionarias”, pero educar, lo que se dice educar, es harina de otro costal. Influencian a los alumnos de manera negativa. La deformación es infame y criminal.

Entonces, por qué culpar a las nuevas generaciones de cubanos por sus comportamientos inadecuados. Si son víctimas de las fallas y errores garrafales de una dictadura que solo piensa en mantenerse en el poder.

De ahí salen hombres y mujeres desviados del buen proceder, sin criterios propios, sin valores, ni decencia. Son los que convocan y actúan a base de golpes, abusos y brutalidad contra opositores, que debido a la ignorancia no saben que los defienden a ellos también.

Miami está bendecida con la presencia de Alberto M. Carvalho, educador y superintendente de las Escuelas Públicas del Condado Miami-Dade.

Con un porte correcto, un espíritu elegante, europeo y de todas partes, que incita a tener hijos y más hijos con edades escolares para entregarlos en manos de este gran maestro, quien ama la excelencia del magisterio y la formación de nuevas generaciones con una intención definida: moldear niños y jóvenes que harán un mundo mejor.

La historia personal de Carvalho es una lección de vida. Quedé tan impresionada al leer una reseña de su existencia, por lo que ahora lo admiro infinitamente. Esta debería estar incluida como material de estudio en clases de ética y formación de la voluntad. Es increíble de dónde viene y lo que ha logrado.

Un nuevo curso escolar se aproxima. En Miami, por suerte, está garantizado el éxito. ¡Qué orgullo! ¡Cuánto júbilo!

Y tú, si estás leyendo, casi seguro tuviste un excelente educador y maestros de los que instruyen, educan y forman al estilo de Rafael María de Mendive, quien trazó el buen camino del apóstol José Martí.

Periodista y escritora cubana. @idaysicapote

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