Opinión

La verdadera naturaleza de la pobreza

Lawrence McCue y su esposa, Carla, recibieron un apartamento en Los Angeles a principios de agosto, después de pasar dos años viviendo en su automóvil.
Lawrence McCue y su esposa, Carla, recibieron un apartamento en Los Angeles a principios de agosto, después de pasar dos años viviendo en su automóvil. TNS

El historiador holandés Rutger Bregman tiene ideas novedosas para erradicar la pobreza, como por ejemplo entregar dinero en efectivo a los pobres ya que así ellos mejorarán y contribuirán al progreso del país.

Para muchos esto es un barbarismo ya que probablemente la mayoría malgastarán esos recursos en vicios y juegos de azar, en adición a que preferirían permanecer desempleados, en vez de trabajar. Sin embargo, a continuación veremos lo que arrojan varios estudios.

Bregman, de 30 años, afirma que “los pobres son auténticos expertos en sus propias vidas y las investigaciones demuestran que es mejor darles directamente el dinero en lugar de destinarlo a inspectores y burócratas”. Referente al tema, la primera ministra británica Margaret Thatcher una vez catalogó a la pobreza como un “defecto de personalidad”, o sea, falta de carácter. Ello se desprende de una pregunta básica: ¿acaso los pobres adoptan muchas malas decisiones? Viendo las estadísticas nos percatamos que en efecto, los pobres beben más, fuman más, no comen saludablemente, practican menos deportes, piden prestado más y por supuesto ahorran menos.

El historiador Bregman explica que en el mundo son más los que padecen de obesidad que de hambre. También aclara que la cantidad de homicidios es menor que en la Edad Media. Según él, debemos estudiar todos los factores envueltos y tomar decisiones basados en nuevas ideas. Pero para ello, debemos instaurar una forma de pensar diferente. Según Bregman “no se trata de proposiciones ideológicas sino de evidencias científicas. Está demostrado que la pobreza es muy cara y que la solución pasa por dar dinero gratis”.

Bregman dice que los mismos pobres saben mejor lo que ellos necesitan que cualquier trabajador social. A tal efecto relata el caso ocurrido en Londres en el 2009, cuando 13 indigentes recibieron un rescate financiero incondicional y al cabo de un año siete de ellos vivían bajo techo, lo que significó un ahorro real para el estado, que antes gastaba elevadas sumas en su rehabilitación.

Bregman en su Bestseller Utopia for Realists y en sus conferencias por el mundo resalta la importancia de un ingreso básico universal (UBI) que cubra las necesidades elementales como vivienda, alimentación y educación. Desde esa óptica, narra un estudio realizado por académicos norteamericanos, entre ellos el profesor de Princeton Eldar Shafir.

En ese estudio que contempló viajes extensivos por el mundo, se analizó el ingreso de trabajadores azucareros, quienes reciben el 60% de su ingreso de un solo golpe, después de la cosecha anual de la caña de azúcar, de manera que son adinerados por pocos meses pero pobres el resto del año. Al hacer pruebas de inteligencia antes y después de la cosecha se determinó que perdían 14 puntos de coeficiente intelectual cuando eran pobres.

De acuerdo con el profesor Shafir, esa es la mentalidad de la escasez; las personas se comportan diferente cuando les falta algo, sea tiempo, dinero o comida. Ocurre algo parecido a una computadora que tiene abiertos 12 programas a la vez; empezará a ser más lenta y cometer errores. Lo mismo pasa con las personas cuando intentan hacer varias cosas a la vez y no tienen los recursos para ello, como tampoco los tuvo la computadora cuando no le expandieron la memoria. En otras palabras, los pobres no toman malas decisiones porque son estúpidos, sino porque en su situación la mayoría se equivocaría.

Otra historia, aún más relevante, aconteció en Dauphin, Canadá, en 1974. A todos los pobres que vivían en ese pueblo se les concedió un ingreso básico para que no vivieran por debajo del umbral de la pobreza. Todo fue bien por cuatro años hasta que las elecciones locales cambiaron el panorama. Veinticinco años más tarde la profesora canadiense Evelyn Forget analizó los resultados: el experimento había sido un éxito extraordinario.

No solo los habitantes se hicieron más ricos, sino además más inteligentes y más sanos. El rendimiento escolar mejoró. Las hospitalizaciones disminuyeron en un 8.5%. También disminuyeron los problemas de violencia doméstica y de salud mental. Y un aspecto importante se evidenció en este experimento: los únicos que dejaban de trabajar eran los estudiantes y las mujeres embarazadas, algo que siempre ocurría. “O sea, deberíamos dejar de fingir que sabemos cómo erradicar la pobreza enviando a los pobres zapatos y peluches. Más bien deberíamos deshacernos del ejército de burócratas y enviar sus salarios a los pobres”.

De acuerdo con Bregman, en EEUU se estima que con el 1% del PIB, o un cuarto del gasto militar, se podría erradicar la pobreza. Desde luego, esto es discutible y sujeto a investigación. Termina diciendo Bregman: “Creo en un futuro donde vivir sin pobreza no sea un privilegio sino un derecho bien merecido por todos”.

Hace más de 500 años, Thomas Moore escribió por primera vez sobre el ingreso básico, y hace más de 100 años, George Orwell descubrió la verdadera naturaleza de la pobreza; lo único que hace falta cambiar es nuestra visión ya que “la pobreza no es una falta de carácter sino una falta de dinero”.

Economista y periodista.

Siga a Benjamín F. DeYurre en Twitter: @DeYURRE

  Comentarios