PEDRO CAVIEDES: Lo presencial y lo virtual
Hace apenas unos meses, antes de las aventuras imperiales de Putin y el surgimiento del ISIS o EI, uno de los temas que dominaba la opinión pública en los Estados Unidos y el mundo, fue el descubrimiento del programa de espionaje de la NSA, que salió a la luz por las revelaciones de Edward Snowden. La discusión comenzó centrada en hasta qué punto tenía derecho el gobierno a entrometerse masivamente en la vida privada de las personas, con el fin de prevenir el terrorismo. Lentamente comenzó a saberse que las escuchas llegaron hasta gobernantes de otros países, y la diplomacia se vio en serios apuros para contener los estragos de las revelaciones.
Es cierto que en todo este tiempo no ha habido ataques terroristas en suelo estadounidense y las agencias de seguridad del Estado podrían aludir parte de ese éxito, quizá con certeza, a los programas de espionaje. Pero yo sí me pregunto cómo es que con todo ese despliegue de tecnología, no fueron capaces de detectar las intenciones de Putin, ni el nacimiento del ISIS.
Después de los atentados del 11 de septiembre pareciera que no se logra llegar a un consenso sobre la forma de enfrentar la nueva amenaza. Se torturó yendo en contra de todos los principios. Se invadieron países y la vida privada de las personas. Se enviaron drones a atacar objetivos puntuales que en muchos casos mataron inocentes. Se debatió sobre el presupuesto de la seguridad y el gasto militar.
Y al mismo tiempo que todo esto sucedía en el plano gubernamental, en el privado se formaban exitosísimas empresas que hacían de sus propios clientes un producto con el que realizar negocios con base en la información que suministraban, que después la quiso el gobierno.
Pero tal parece que en toda esta realidad virtual queda algo que se nos escapa. Así como uno puede tener cientos de miles de amigos en Facebook, pero los amigos verdaderos siempre se contarán, si acaso, con los dedos de una mano, el espionaje virtual parece no dar los mismos réditos que aquel espionaje de antaño, con agentes encubiertos, infiltrados e informantes, desplegados del otro lado de las fronteras. Por mucho que ya algunos pasen más de media vida en la realidad virtual, las relaciones presenciales siguen probándose como las más efectivas no solo cuando de la seguridad nacional se trata, sino cuando hablamos de escapar a la soledad del ser humano.
Un ejército que invadió a otro país, se tomó por sorpresa a las agencias de Occidente. No hubo un 007 en Ucrania. Crimea ya es de Rusia. Un ejército de sanguinarios extremistas estuvo a punto de formar un califato islámico en las narices de Occidente. Duras sanciones económicas y una nueva guerra están a la orden del día. El retiro de Irak apenas duró un par de años. A pesar de que ya se empiezan a dar cruentas batallas en la nueva guerra cibernética, la maldita costumbre de matarnos no cesa.
Y por lo visto no cesará por todos estos tiempos. Así que vale la pena que los espías y los diplomáticos de oficio desempolven sus pasaportes y salgan de sus cubículos con sus laptops, y mejor se dediquen a utilizar sus iPhones, mientras no se olvidan de entretejer una red de personas de carne y hueso como la que hace unas décadas salvó a la humanidad de un holocausto nuclear que habría sido el fin del mundo.
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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de septiembre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Lo presencial y lo virtual."