Opinión

El placer del buen teatro

Judy Garland
Judy Garland Warner Home Video

Tenía tiempo sin ir al teatro en Miami porque me resultaba un compromiso que en la mayoría de las obras que me invitaban trabajaban o compañeros de programas o directamente amigos muy amigos que de alguna manera me trasladaban a mi infancia como “ratón de teatro” en Caracas. Para mí resultaba un momento muy sensible verles en obras que no siempre estaban a la altura de la categoría de muchos de ellos o que estaban pensadas un poco para suavizar el terrible impacto que el exilio de Venezuela había ejercido sobre las vidas de muchos de mis compañeros. Así, con ese panorama de la visita al teatro convirtiéndose en una especie de reunión plañidera o recital de agravios provocados por el gobierno de Maduro, se me hizo agobiante ir al teatro en Miami.

Hasta que el autor y dramaturgo César Sierra me invitó a ver Yo, Judy Garland, un extraordinario monólogo acerca de la biografía más íntima de la gran actriz y cantante norteamericana. Sierra ha basado su texto en la hilación de diferentes anécdotas, chismes, leyendas atribuidas a la actriz o inherentes a su atribulada vida, bastante conocida para una determinada generación que también vio en ella un icono de la lucha por los derechos de la comunidad LGTB. Pero la obra es mucho más, gracias a la interpretación de Martínez. El texto repasa otros aspectos de la figura de Judy Garland como, por ejemplo, su lucha por ser tratada como un ser humano antes que como una actriz, cantante o sencillamente mujer. Esta parte del texto es especialmente contemporánea porque incide en observar a Garland como una mujer abusada por Hollywood y por el machismo, que en su época y hasta ahora, parecieran la misma cosa.

Sin duda mi momento especial de la obra es el final, que no voy a revelar y que lo dejo a su libre elección de ir a ver la función de hoy en El Paseo Wynwood en el barrio del mismo nombre en Miami. Pero también puedo compartir con ustedes otro momento brillante del texto de Sierra que es cuando Judy cuenta que en dos ocasiones se casó con hombres homosexuales. Y dice que a veces piensa que en el futuro consigan aprobar una ley que los gays puedan contraer matrimonio para que dejen de casarse con ella. Yo me reí de muy buena gana y lo consideré genial.

En la función siguiente, en el mismo lugar, Flor Núñez y Elba Escobar, dos totems de la actuación en el cine, teatro y la televisión venezolanas, representan una adaptación muy libre de una obra de José Gabriel Núñez que han titulado Fleco y Lentejuela y que es otra función extraordinaria que reúne a dos actrices maravillosas que nunca habían compartido un escenario. La historia tiene fuertes connotaciones con lo que sucede en Venezuela, otra obra de teatro que es más bien un esperpento. Por eso, vale la pena volver al teatro y volver al enorme poder de la buena dramaturgia e interpretación.

Escritor y presentador venezolano.

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